martes, noviembre 19, 2013

A falta de pan...


(Publicado en el diario El Longino el 18 de noviembre de 2013)

Dicen que escribir no es tan difícil si se usan algunos trucos sencillos. Uno de ellos es apelar a las “frases hechas”. Aquellas que la costumbre y tradición las han universalizado. Para probar esto, haré en esta crónica un uso abusivo del idioma envasado.  Dios me pille confesado.  
Pero la verdad de la milanesa es que estaba  falto de tema para mi columna dominical, así es que pensé que a falta de pan, buenas son las tortas. Y si no resultaba…bueno, a otra cosa mariposa. Deseo que los lectores sean los jueces de esta experiencia. Me arriesgo por cierto a que alguno salga con su domingo siete y me haga pebre.  Pero a lo hecho pecho, ya estoy lanzado en picada y  no voy a tirar el poto para las moras, ni ahogarme en un vaso de agua.  Soy optimista, siempre lo veo medio lleno, nunca bajo la guardia y como además soy asertivo, digo las cosas por su nombre, llamo al pan,  pan y al  vino, vino.  Deseo que me conozcan bien y ser como un libro abierto, no dorarle la píldora a nadie y  claro como el agua. Cruzo los dedos para esta experiencia resulte.  
Manos a la obra. Les quiero contar sobre mi preocupación por el bolsillo de los chilenos. Estamos gastando mucho, casi como país rico. Vamos para allá, pero aún no lo somos. Espero que el nuevo gobierno no frustre las expectativas. Pero en fin,  como es previsible, en las próximas fiestas de fin de año se generará una  desenfrenada locura consumista que nos va a costar un ojo de la cara. El tema de los gasta por los regalos es espeluznante. Además no es solo el tema platas, sino que pocas veces damos en el blanco. No damos en el clavo, pues en gustos no hay nada escrito. Hay que tener  ojo de águila.  Y esto pasa hasta en las mejores familias. En todas partes se cuecen habas sin duda.
Entre pitos y flautas,  en diciembre uno se desangra financieramente. Las tres cuotas precio contado es una trampa mortal. El remedio resulta peor que la enfermedad y el Pascuero nos pasa la cuenta todo el verano. Salimos del calor de diciembre para caer en las brazas del fatídico marzo.
Luego, ya en modo reflexión, concluimos que parece que nos falta un tornillo, que hacemos las cosas a troche moche  y por eso, nos salen los tiros por la culata. Debimos haber hecho vista gorda a los cantos de sirena del retail.  
Y viene lo peor, escuchar como pulga en la oreja los reclamos  de la  media naranja (que lleva la voz cantante en casa). La estrategia es pasar piolita, poner cara de póker, no decir ni chus ni mus, hacer oídos sordos. Luego, jurar de guata que no volverá a meter la pata y que pondrá más ojo al charqui para el 2014. Por favor, póngase las pilas y no se golpee dos veces con la misma piedra, digo yo.     

 

 

domingo, noviembre 10, 2013

Para el bronce


           (Publicado en el diario El Longino de Iquique, el 10 de noviembre de 2013)

Recuerdo que cuando alguien decía palabras,  frases o ideas con elocuencia, bien expresadas  y además inteligentes - del tipo  radical de viejo cuño-  solía decirse que eran “para el bronce”. Merecían quedar grabadas en el metal,  para ser  recordadas y perdurar en el tiempo.
Con similar intención salí a  buscar en el variopinto escenario de la campaña electoral, palabras inteligentes,  frases ingeniosas o ideas potentes “para el bronce”. Confieso que no me fue como lo esperaba. Le tenía más fe a la creatividad criolla y al talento regional.  
Una causa probable, es la falta de fondos y la segunda, porque muchos se creen expertos en publicidad política y con ideas brillantes. Aún los con plata muchas veces prescinden de los especialistas. El resultado es lo que hay.   Particularmente los sin plata recurren al talento interno (familia y amigos).  Desde esta fuente primigenia están construidas la mayoría de las frases, slogans o ideas,  que acompañan la foto enchulada del candidato(a). Todo comienza post almuerzo dominical en familia y amigos donde opina hasta la nana. En estos brainstorming  de sobremesa  puede  pasar de todo. Y pasa. Eso explicaría muchas cosas. La mayoría cree que basta una cara, un nombre y dos palabras. Y como no hay espacio para una propuesta de nada, ni siquiera para decir de qué partido son, hay que parir una frase que sugiera algo potente e innovador.
Solo a modo de ejemplo citaré algunas expresiones y anticipadamente me disculpo. No hay nada personal Esto solo podría tener mérito como análisis  sociológico. Después del 17 nadie se acordará de ninguna cosa torpe  que se haya difundido.    

Comienzo con un conocido mío de hace años, el candidato Saavedra. Sugiere “más obras y menos palabras”, frase que no le cuadra ya que  los que lo conocemos sabemos que si hay algo en lo que se excede es en hablar. Por su parte un conocido doctor   prescribe “remedios”.  Nada de original para un médico y menos si hay situaciones que ya ameritan cirugía. Otro candidato dice que “hace la pega”. Pero si es obvio que hay que hacer la pega. O creerá que las lucas se las va a ganar sin hacer nada.  Por su parte, mi amigo Luis Emilio,  nos dice que… realmente no sé lo que dice,  pero es mi amigo así que debe estar bien.   Otro evoca la frase “se la juega por Tarapacá”. Lo que es obvio si se presenta por esta región.  Una candidata incluye  a  Dios y a Jesús en la campaña. Me suena a sacrilegio.    
A esta campaña le faltó creatividad. Si yo hubiera sido candidato creo habría dicho: “Mi signo es  Geminis, conmigo su voto vale el doble”. Con mi gemelo trabajaremos dos  por el sueldo de uno”. Un candidato que vale por dos”. 
Siempre la gente quiere algo más y hay que darles un plus. No... si la idea no es mala, solo hay que perfeccionarla, digo yo. 

 

domingo, noviembre 03, 2013

Los muertos y sus dulces travesuras

(Publicado en el diario El Longino de Iquique, el 3 de noviembre de 2013)

A pesar de que Halloween es de origen gringo y rememora tradiciones celtas que aquí poco conocemos, lentamente  ha ido imponiéndose  como una de las fiestas  más celebradas a nivel nacional. Después de la Navidad y el día del Niño es posiblemente la que se gana las preferencias familiares.  
Primero fueron los niños y ahora son los adultos los que le han perdido el miedo a los muertos. Para la víspera del llamado Día de los Muertos o de Todos los Santos aparecen grupos de niños disfrazados que recorren sus barrios pidiendo golosinas.  Muchos, acompañados por adultos también disfrazados, a modo de guardianes para cuidarlos, no precisamente de otros niños evitando que les hagan “la mexicana” de los dulces, sino de los auténticos malvados que pueden aprovecharse de la fiesta para sus fechorías.
Lo interesante de esta fiesta es que cada vez es más participativa  y que a los muertos, vampiros, diablos, momias, esqueletos, ahorcados, etc.,  se han agregado ahora disfraces más convencionales: reinas, princesas, duendes, monos animados, figuras del cine y la televisión, como también otras que intentan poner el equilibrio entre lo malvado y lo bueno, lo santo y lo diabólico, lo feo y lo bello. Esto especialmente motivado por ciertas sensibilidades y creencias que ven en esta celebración algo pagano, diabólico  y hasta ofensivo a alguna divinidad.     
A pesar de los muertos, diablos, zombis, degollados y de la sangre que circula por las arterias de muchísimos barrios de todo Chile,  la jornada de la noche de Halloween es tranquila, segura, festiva, inocente, alegre y no se condice con la imagen tétrica que muchos podrían imaginar.  Por el contrario, la noche de Halloween es mucho más tranquila que una final de partido entre la U y  la Católica. Y muchísimo más plácida que noche de triunfo de la selección chilena. Que yo sepa, de la reciente noche de Halloween no hay constancia de muertos, heridos, destrozos ni choques a causa de los dulces ni menos de las travesuras A lo más alguna diarrea infantil por exceso de chocolate. Afortunadamente en las noches de Halloween solo hay sangre de utilería. 
La gente se divierte con esta fiesta y por eso veo que Halloween está derivando lenta pero segura a convertirse lo que antaño fueron las Fiestas de la Primavera y eso se debe, creo, a los humanos les gusta disfrazarse. Me han contado que muchos maridos, en la intimidad de sus alcobas, les piden a sus parejas que se disfracen de enfermeras, policías, gatúbelas, etc. Asimismo el Año Nuevo, también convoca cada vez más y más disfrazados y ya no hay fiesta de matrimonio que no termine con los invitados con antifaces, pelucas,  sombreros y cotillón.
Por eso y mucho más, pienso que hay que reivindicar las fiestas de disfraces. Y veo que ya estamos bien encaminados. En toda familia chilena siempre hay “un diablillo, una princesita, un vampiro (adolescente que duerme de día) y el diablo”. Ah… y por cierto está la malvada bruja, digo yo.