miércoles, julio 22, 2015

EL TEATRO DEL ABSURDO

Publicado por El Longino en mayo 2015
El Teatro del Absurdo es una expresión cultural inspirada en obras de dramaturgos  norteamericanos y europeos de los años 1940 al 1960. Se caracteriza por tramas que parecen carecer de significado. Diálogos repetitivos y sin secuencia lógica. Atmósfera onírica con fuertes rasgos existencialistas, cuestionando la sociedad, al hombre y sus constructos. Mucho humor especialmente el humor negro. Incoherencia, coprolalia y exaltación de lo ilógico, son parte de sus peculiaridades.
Este arte estaba “discontinuado” y  dormía tranquilo en el mundo del olvido. Pero  Chile,  el otrora Jaguar de Sudamérica,  lo puso en cartelera, con una alianza estratégica público-privada. El Estado y los privados han invitando a la Nación toda a ver en  salas, teatros, tribunas, alamedas anchas y angostas, una “joyita ”  del teatro del absurdo, con un libreto (Programa) que permite la libre expresión de los  actores y actrices que salen, entran, dicen y se desdicen, declaran o no declaran,  desaparecen, deambulan  o quedan atrapados (en cárceles o domicilios) y  que pueden en cualquier momento reaparecer por los pasillos de Tribunales, Fiscalía  o  la Casa de Toesca. Esto se replica también en escenarios como la gran Torre de Badel  de Valparaíso (donde en un diálogo de sordos pero no de mudos, se confunden y se enredan los idiomas, los acuerdos, pero básicamente las ideas) con una pléyade de actores novicios, sénior o trainee que dan vida a un libreto kasfkiano, que ni  Ionesco en unión con nuestro psico-mago Alejandro  Jodorosky  podrían superar. Y todo esto, bajo el atento liderazgo de una calificada directora, traída directamente de New York,  tras muchas visitas de dos miembros (Peña y Lillo) del G90 para conseguir sus servicios.    
En este Teatro del Absurdo chileno, suceden cosas sin explicaciones lógicas. Hay  incongruencia entre el pensamiento y los hechos. Incoherencia entre las ideologías y los actos humanos - de dudosa calificación como tales-. Los personajes tienen un gran obstáculo para expresarse y comunicarse bien incluso entre ellos. Los de un mismo conglomerado, con el mismo libreto expresan diferencias, son ideológicamente parecidos pero piensan diferente y actúan a su amaño. En esta alianza espuria el  libreto, para muchos es un dogma de fe  y para otros, es como la Biblia para los protestantes, cada cual la interpreta a su conveniencia. Por eso el Programa a veces sirve y otras molesta. A causa de este caos, la calle se expresa cada día más en los escenarios abiertos, principalmente en las calles del angustiante Santiago como también en las anchas Alamedas reclamando por la mala calidad de los actores, lo absurdo del libreto y por lo poco que se les paga al elenco que les obliga a pitutear . Así, la falta de recursos para mantener la obra en cartelera y el libreto incólume, obliga a buscar platas “turbias”.  Por otro lado la audiencia “rica” o sea  los que tienen dinero, que son dueños de las grande empresas y que  invierten, generan trabajo y aportan al PIB cerca del 70  %, se ponen perversos y pasan platas a diestra (derecha ) y siniestra (izquierda) tratando de ser equitativos.  Y ahí caen en las redes de la corrupción, al financiar de paso la política para sacar leyes favorables para todos los chilenos pero principalmente para ellos.
No se puede saber con este teatro del absurdo, cómo o cuál  será el desenlace. Trasparentar todo o tapar todo. Muchos optan por lo primero, so riesgo de crear un desequilibrio total que afectaría fuertemente la economía y el país se va a la mierda. O aplicar la sabia política de don Pato  Aylwin, hacer todo, “en la medida de lo posible”. Los actores están desorientados, la audiencia  está perpleja, la calle está indignada, el mundo mira asombrado nuestra declinación, el Papa nos ayuda poco con sus truchos nombramientos de obispos, etc. Creo que la directora se recrimina por haber dejado la Gran Manzana. O por no haber revisado bien  el libreto y testear  al elenco. La loca del Patio de los Naranjos por ejemplo, debió haberla  dejado en Relaciones Públicas, al ministro de Defensa de Cónsul en La Paz y  Martelli en Impuestos Internos (por su habilidad recaudadora).
En este tipo de teatro todo es posible,  hasta lo absurdo. Me parece entretenido, tanto o más que el absurdo Rinoceronte de Ionesco. Digo yo.