sábado, octubre 26, 2013

Juventud divino tesoro


(Publicado en revista  KILOMETROCERO de Iquique, edición de julio de 2013)

Desde la exasperante frase “no estoy ni ahí”, de la que nos tuvo muy acostumbrado el  Chino Ríos, al actual grito de guerra   “estoy en todas” de la juventud de hoy, la verdad es    que no ha pasado mucho tiempo. Muchos datan el cambio en  la llamada Revolución de los Pingüinos. A partir de ese hito, los jóvenes habrían entrado en  “modo” activo. Y aparentemente ya no saldrán de ahí, hasta que alguien apriete la tecla y los ponga en modo “Pausa.”
Para entender el comportamiento de la juventud actual, hay que comprender los cambios  generados por la globalización, la irrupción de la tecnología y el avance en las comunicaciones, que provocan nuevos escenarios en los distintos ámbitos de la vida. Quienes acumulamos varias juventudes, somos  individuos que crecimos y nos desarrollamos en un entorno significativamente distinto. De ahí que cada grupo –según el período- comparta valores y prioridades, entienda su misión de forma distinta, mantenga actitudes diferentes ante la autoridad y viva la responsabilidad también… a su manera, como Frank Sinatra.  

Sin perjuicio de ello, hay que aceptar que el traspaso es ineludible. Los jóvenes son la generación del recambio. La propia naturaleza nos enseña -Darwin de por medio-  lo que hacen los animales cuando perciben que la situación está en caos. La manada decide alejar a los viejos y le entrega la misión de sobrevivencia a los más jóvenes. Lo único malo y lo digo con gran preocupación, es que según la neurociencia, la conformación completa del cerebro humano solo se logra aproximadamente entre los 24 ó 26 años. Antes, la corteza cerebral no está  completa. Ergo, hasta antes de esos años, los jóvenes podrían estar pensando, diciendo  o haciendo algo,  sin sus totales capacidades neuronales.
En este contexto -el de la neurociencia- el pensamiento de los jóvenes con edades inferiores a los 24 años, estaría por aquello cuestionado. Dicho en simple, estarían opinando de temas muy importantes, trascendentes y serios pero que desde su desarrollo cerebral podría haber dudas de su calificación. ¿Será por eso que suele decirse que los jóvenes son inmaduros?  
Reitero, esta es una apreciación desde la neurociencia. Los ciudadanos de a pié  podemos coincidir o discrepar, pero llama la atención que después del paso de los jóvenes, las ciudades quedan tan sucias, dolidas, con sus vidrios rotos, los muros rayados y  con la visible destrucción del lugar  donde se vive,  se trabaja y se estudia. Pienso que irresponsablemente la Patria está siendo tratada con poco cariño y hasta con desprecio por las nuevas generaciones. El discurso político, los cambios estratégicos, solo se expresan en 140 caracteres. Los mismos necesarios para convocar a una marcha cuyo propósito esencial nadie conoce. Cada joven lleva en su mochila su propio proyecto. Esto me desconcierta. Debe ser por culpa del hipotálamo. Digo yo.   

 

Los chilenos las prefieren rubias




(Publicado en el diario El Longino de Iquique, el 20 de octubre de 2013) 

Según las estadísticas – elaboradas con datos duros de mis propias fuentes de información y por tanto de dudosa confiabilidad -  puedo asegurar que casi en un 85 % las chilenas no son rubias. A  pesar de que en una vista panorámica nacional se vean muchas cabelleras blondas, “no todo lo que brilla es oro”.  Desde luego que necesariamente debo hacer una precisión: hay rubias naturales y rubias no naturales. Hay originales y copias.  En esto del pelo femenino, también están los productos “alternativos”.   
Sabido es por todos,  que tras el paso de los años, las respetables representantes del género femenino tienen la tendencia y sienten las ganas,  de quitarle años a la vida y optan voluntariamente por derivar hacia una cabellera “menos oscura” que su color de cabello original-joven para pasar a un tono tirando a rubio. El objetivo es evitar lucir algunos tonitos blanquecinos indiscretos que empiezan a aflorar con los años de experiencia vital.  Esto hace que la población femenina de Chile desde los 35 ó 40 años de edad, en una gran mayoría, comience casi súbitamente a ponerse rubia. Consecuente con lo anterior, se puede inferir que las chilenas de  esa edad hacia arriba, construye la muestra de la población de mujeres mayoritariamente rubias, de tonos rubios, o tirando para rubias. Si se pusiera toda la población de chilenas adultas en un gráfico de torta, solo veríamos  un pedacito muy pequeño de pelitos negros.    
Pero lo de rubia, morena, trigueña o güerita como dirían en el Caribe,  también tiene otra connotación. El tema más peludo valga la coincidencia, se sostiene en  la creencia popular que  asocia la histórica relación “rubia con tonta”. Los Caballeros las Prefieren Rubias fue una película musical estadounidense de 1953, interpretada por la famosa Marilyn Monroe y su reconocimiento mundial en el papel de la rubia superficial. Consecuentemente, se ha popularizado la creencia de que las rubias son tontas y esto ha quedado grabado en el inconsciente colectivo.  Lo curioso es que si se dice que las rubias son  tontas ¿por qué las morenas se tiñen?

Pero que sea negro, castaño, colorín o rubio finalmente da lo mismo, lo importante es que nunca aparezcan las indeseables raíces blancas. Otro detalle no despreciable a la hora de las precisiones  es el color de las cejas. ¿Debe ser igual al cabello? Puede no coincidir. Finalmente la pregunta del millón. ¿Michelle o Evelyn? ¿Estarán certificadas como rubias? ¿Serán tontas? ¿Pasarían la prueba de la blancura? ¿Tendremos en la Moneda una rubia natural o una pirateada?
Lo que sí puedo asegurar es que cuando una mujer es rubia natural, es rubia por todas partes. Digo yo.   

Hay minas y minas



(Publicado en la revista de la Asociación de Industriales  de Iquique, edición de septiembre de 2013)

Chile,  qué duda cabe,  es un país de minas.  Y de buenas minas. Yo diría que de minas top que han permitido a los chilenos a pasarlo súper bien, para que  vamos a negarlo.  Eso se sabe en el mundo entero. Tenemos las  mejores minas del  mundo. Y afortunadamente también de todo tipo. O sea además de guenas minas, le tenimos variedad. Algunas son cerradas,  a rajo abierto, subterráneas, viejas,  en plena juventud, en proyecto, en declinación,  en fin, toda una amplia variedad para regodearnos.
Confieso que personalmente no he sido muy conocedor de minas,  ni menos un experto. A lo más un pirquinero en mi juventud. Pero me gustan mucho aún cuando desde mi adolescencia les tengo si no miedo,  a lo menos respeto.  Tuve varias oportunidad de conocer  y conectarme con algunas de  Copiapó,  Antofagasta y por cierto  en esta región de Tarapacá.
Lo que yo sé, es  que hay minas que son muy ricas, de buena ley algunas y que han estado dándole y dándole duro estos últimos años  para que los chilenos la pasemos  bien,  seamos felices y estemos sonrientes. Porque en verdad es eso lo que finalmente nos producen las minas chilenas,  una vida mejor, más  alegre, más dichosa. Y por qué no decirlo,  a  los suertudos chilenos las  minas  nos llevan al clímax de la felicidad cada día.
Por eso no deberíamos olvidarlas nunca, ya que en rigor somos mina-dependientes totales. Porque  verdaderamente ellas son las que nos traen el sueldo a la casa.  Y aunque no todas son minas de oro, cada minita  tiene su lado bueno.
Los que vivimos en esta parte del país somos unos privilegiados, poseemos  una concentración de minas increíbles. Tenemos  un índice  de minas por habitante envidiable en el mundo entero. Los chilenos del norte (población adulta entre 20 y 40 años) debe tener yo creo,  unas  tres minas per cápita a lo menos. Con este dato a la vista un amigo me preguntó ¿Y cuáles serían las minas que me corresponden? ¿Serán de buena ley? ¿Estarán muy carreteadas? No hay salud.
Otra cosa es que cada mina tiene sus propias particularidades. Algunas son profundas, silenciosas, abiertas, acogedoras, lúgubres,  brillantes, fuertes, ruidosas, inacabables. Y capaces de despertar en los chilenos sentimientos de la más diversa naturaleza: amor, cariño, pasión, miedo, soledad, recogimiento, llanto, alegría, angustias.

Aunque estar siempre con las minas dándole y dándole es cansador, nadie quiere cambiar de oficio. En Chile estamos felices y muy agradecidos con las minas que Dios nos puso a  nuestra explotación uso y goce.  Seguramente él quería que los chilenos la pasáramos bien y por muchos años. A pesar  de eso - no pretendo oponerme al mandato divino – pero  no me parece muy bien que estemos tantos años explotando a las minas y dispuestos a sacarles el jugo hasta que  mueran.  Parecemos verdaderos y  vulgares … mejor no lo digo. Pero me incomoda este verdadero proxenetismo minero. Ayer les dimos duro a la blanquita,  hoy a la cobriza y cuando ya no las tengamos en edad de producir dejaremos  a nuestras minas abandonadas. Que malos machos que somos. Digo yo.     

 

¿ Eres feliz ?


(Publicado por la revista KILOMETROCERO , edición de septiembre de 2013) 

Si ya eras un ciudadano adulto y sobreviviste la crisis del gobierno de la Unidad Popular, luego pasaste las restricciones del  gobierno militar, posteriormente reaprendiste a estar en democracia durante los cuatro lustros de la Concertación y ahora vives el  diestro gobierno  del zurdo Piñera, tienes la edad suficiente como para entender esta crónica. Los menores de ese rango de edad poco podrían entenderla pues no tienen todo tu carrete vivencial.  
Pero antes de seguir, confesaré un secreto.  Esta introducción no fue más que un truco para de llamar la atención  sobre otro tema y que dice relación con la motivación que las personas de este tiempo pueden  tener  para sentirse que “están”, que se sienten presentes y vivos. Capaces de recargarse, de reinventarse,  como se dice ahora. Esa capacidad de ponerle algo especial a sus vidas, independientemente de los gobiernos, las circunstancias y las alineaciones planetarias. En definitiva, las motivaciones y acciones de las  personas para sentirse o no felices. A pesar de todo lo malo que se diga del momento actual, sea o no verdadero,  hay mucha gente en el aquí y el ahora, que sabe ser feliz y muy feliz. Esto me ha estimulado a escribir al respecto.
Hace poco tiempo, a un grupo numeroso de personas en un uditorio le pedí que levantaran la mano (el brazo en realidad) si se declaraban felices. Me pareció que todos levantaron la mano, pero para verificarlo, pedí que se pusieran de pie los “infelices”. Nadie, absolutamente nadie se paró. El 100% de los asistentes se reconocían felices.

Creo que si hiciéramos este ejercicio en cualquier auditorio de Chile  probablemente el resultado sería el mismo. Los chilenos nos declaramos felices. Pero en público, porque en privado o en círculos más pequeños,  decimos lo que posiblemente sea la dura verdad: que somos “no tan felices e incluso infelices”.

Lo que he observado también es que los felices se muestran poco. Creo que nunca he visto marchas de este tipo. La gente prefiere no decir que es feliz. Como que le da vergüenza mostrarse como felices. Es más propio y frecuente ver los no felices por algo. Estos se expresan a cada rato, por cualquier rincón del país y multitudinariamente.  

No se si sea por masoquismo, pero cuando se juntan los “no felices”  lloran sus desgracias y rápidamente aparece la larga lista de causas o culpables de sus desdichas: el gobierno, el modelo económico, la dictadura, el mercado, los empresarios, la educación, la mala suerte, el precio del cobre, el lucro de la educación, los políticos, el sueldo mínimo, la centralización, la colusión de las farmacias, la letra chica, las Isapres y AFP´s la contaminación, la selección de fútbol, Obama, el rey de España, o la economía griega. Siempre debe haber un culpable o una causa culpable. Por cierto nunca lo es quien ven todos los días en el espejo.  

Afortunadamente estos “infelices” tienen el derecho por cierto a llegar a ser felices. Sin embargo la inmensa mayoría, por no decir todos, creen que esto ocurrirá cuando sucedan eventos salvadores tales como: se ganen el Kino, cambie el gobierno, se reemplace el modelo económico, se nacionalicen las riquezas naturales, la educación sea gratuita,  Chile sea finalista en el mundial de Brasil, no se construyan represas, el sueldo mínimo iguale  al ético, etc., etc. O cuando logre expectativas personales como: cuando me titule, cuando haga ese esperado viaje, cuando tenga mi propia casa, cuando nazca mi hijo, cuando me case, cuando consiga ese empleo, cuando sea mayor de edad, cuando me asciendan, cuando salga de Dicom, etc. etc.
Lo que pueden no saber los infelices y que saben los felices,  es que la ansiada felicidad no está es desear cosas o logros como metas o objetivos finales. La felicidad no está al final del recorrido como la olla de oro al final del arcoíris. La felicidad para los felices es en rigor un estado emocional independiente de lo que pase fuera de cada cual. Está dentro de uno y gran parte de la capacidad de ser feliz pasa por un cambio de actitud, por tener una mirada y un comportamiento diferente, una sensibilidad frente a lo importante y sobre todo darse cuenta que las cosas que más felices hacen a los seres humanos no están a la venta. ¡¡Son gratis!!

Es gratis un amanecer, una puesta de sol, una playa con gaviotas, la sonrisa de los padres por nuestra visita, un encuentro entre amigos, un abrazo de año nuevo, una palabra de apoyo, soplar las velas de una torta. Felicidad es el camino que se recorre día a día con la mirada atenta, con una sonrisa en el rostro y los brazos abiertos.  

Si puede ver el mundo así, sentirlo y vivirlo, tiene la membrecía del club de clase mundial de los humanos que son felices. Y siendo así, se termina siendo adicto a la felicidad y se crea un círculo virtuoso.

Sin duda la felicidad es el camino, digo yo (bueno…también lo dijo Buda hace 2.500 años). 

domingo, agosto 18, 2013

La vieja...política


chiste politico mujica esta vieja es peor que el tuerto Pepe Mujica. Esta vieja es peor que el tuerto 
Entre viejo y nuevo prefiero nuevo. Entre juventud y vejez elijo juventud. Pensar así me rejuvenece y lo considero consustancial al sentido de la vida. Todo debe ir  hacia adelante.

La vieja frase “todo tiempo pasado fue mejor”, no la comparto para nada. Estoy convencido que el futuro será mucho mejor que el pasado.  Incluso el presente lo considero muchísimo  mejor.  Creo que nunca en su historia,  el homo sapiens lo había  pasado mejor. Nunca había disfrutado tanto. A pesar de lo que se diga del padecimiento en este mundo contaminado, frenético, injusto, materialista, impúdico, bélico, inconsciente, consumista, sin valores y todo lo que quiera agregarse al diagnóstico, finalmente la gente en general, lo está pasando bien. O a lo menos, lo está pasando bastante menos mal que antes.

Para aclarar la idea, recomiendo la película  Medianoche en París  de Woody Allen,  donde el protagonista estando en la Ciudad Luz viaja al pasado, a la belle epoque,  con la convicción de que  ese período era lo mejor de todos los tiempos. Sin embargo, rápidamente descubre que allí también hay quienes no son felices y que añoran ir más atrás en el tiempo porque creen que hay en el pasado una época donde verdaderamente se es feliz. Y así sucesivamente viaja varias épocas y nunca encuentra algo mejor que el presente.

Ahora que estamos próximos al recambio de liderazgo en la conducción de la Patria, me preocupa la mirada hacia atrás que tienen algunos miembros del conglomerado opositor. Pareciera que quieren conducir con la  mirada puesta en el espejo retrovisor. Es extraño, esta visión en reversa, en un mundo moderno donde el futuro, que es lo que viene, ofrece tanto. Es casi un acto contra natura. Un proceso degenerativo que podría llamarse con toda propiedad  “el regreso de la vieja política”.  

Pero no solo eso,  me preocupa que vuelva tanto la vieja política, como la política vieja. E igualmente me repugna la idea de que vuelvan los viejos y las viejas políticas, los viejos empresarios, las viejas prácticas, las viejas martingalas, arreglines y contubernios. Tampoco quiero que vuelva la vieja Corfo,  los viejos sindicalistas nacionalizadores de todo, los malos empleados públicos administrando viejos hoteles, o construyendo hospitales para reemplazar los viejos. Menos,  que vuelvan los viejitos y viejitas haciendo denigrantes colas en el viejo Seguro Obrero para cobrar una miserable pensión.    

Dejemos que lo viejo descanse en paz. Ya tuvo su oportunidad, hoy  necesitamos no solo el cambio de manada, sino entregarle las riendas a quienes tienen las ideas nuevas,  son innovadores,  creativos, saben leer los códigos modernos y no tienen traumas del pasado. Estupidez es hacer lo mismo de siempre y esperar resultados diferentes.  Digo yo. 

miércoles, agosto 14, 2013

El mono Darwin



El célebre científico naturalista inglés Charles Darwin, está  súper de moda. Sus teorías están siendo revisadas, analizadas e incluso cuestionadas en múltiples foros internacionales.  Las razones son variadas  y una de ellas es porque se ha advertido que mucho de lo que planteó en sus textos, ha sido mal interpretado por la comunidad científica que analizó sus documentos.

Lo más transcendente ha sido la declaración reciente de la academia de investigadores,  al señalar  que los humanos no somos descendientes del mono. En efecto, se ha comprobado que el célebre inglés jamás dijo que el homo sapiens fuera un descendiente del primate. Lo que habría dicho,  es que todas las especies  van evolucionando en otras cada vez más desarrolladas y se van adaptando a los nuevos escenarios.
 
Por lo tanto y haciendo raya  para la suma, nosotros los humanos del mundo actual desde el año uno de nuestra categoría de sapiens,  no somos otra cosa sino que monos. Es decir, no somos una derivación de los monos, sino que seguimos siendo primates con todas las de la ley. Nos vemos probablemente menos peludos (o peludas), con una corteza cerebral versión 2.0,  más paraditos, socialmente menos agresivos a pesar de las manifestaciones que temporalmente expresamos como guerras, revoluciones o peleas por territorios, riquezas naturales, rutas comerciales, creencias en dioses diferentes, colores de la piel, etc., etc. Pero también somos más ordenados en nuestras formas de vida, inventores de múltiples  satisfactores  sociales, culturales espirituales, tecnológicos y un sinfín de maravillas más que nos hacen tener el mejor pasar de todos los tiempos de la humanidad transcurrida, pero monos al fin de cuentas.
 
Eventualmente podrían  aparecer – en varios millones de años más-  los verdaderos y genuinos humanos, una categoría total y absolutamente diferente al hombre –mono actual, que no provenga de nadie que no sea un igual.  Es probable por lo tanto que no tenga en su cerebro ninguna herencia genética de ningún tipo, ni el del reptil ni el de los mamíferos. Un humano neto, nacido de otro humano.    

Para evitar confusiones con la mención del hombre – mono, hay que aclarar que Tarzán el Hombre Mono, no es el eslabón perdido de la escala evolutiva, sino un humanoide perdido pero en la selva africana donde vivió por años de allegado en una manada de monos arriba de los árboles.  Este espécimen que convivió desde niño con los primates   no se mezcló y no tuvo pareja conocida por lo que puede colegirse que en este aspecto le fue como la mona. Y para colmo era  bastante raro porque siempre lucía muy afeitadito.

Independiente de esto, lo que la investigación nos entrega valida aquello de que por mucho que el mono o la mona se vista de seda, mona o mono queda. Digo yo.

 

viernes, febrero 22, 2013

El lado bueno de Pinochet

Hace poco más de 3 años, la prensa local  me publicó este artículo y que causó gran connotación pública. Hoy me permito reeditarlo.      
    Es probable que nunca vaya a haber consenso sobre Pinochet. Pasarán miles de metros cúbicos de agua bajo los puentes y todo seguirá igual. Los que vivimos su época estaremos divididos entre los que le amaron y los que le odiaron.
Sin embargo, creo que para tener una opinión objetiva de cualquier sujeto, es indispensable considerar el punto de vista según sea la vereda desde la cual se mire. Y para tenerlo en la mira sin distorsiones, hay que haber estado en su tiempo, en su espacio y en sus circunstancias.
Este relato no es una apología a Pinochet. Sólo quiero hacer justicia a su memoria. En esta perspectiva, puedo asegurar que a pesar de lo que se diga, Pinochet tenía su lado bueno.
Me siento calificado para decirlo y es la primera vez que lo confieso. Pasé varios años de mi vida muy vinculado a él y por cierto afectado por sus decisiones, muchas veces injustas. Fue una persona muy decisiva e influyente durante parte importante de mi existencia.

Cuando con amigos de la época nos juntamos, la mayoría revive las imágenes que muestran al Pinochet autoritario, abusivo, sarcástico, indolente, dictador y cruel. Y esa imagen es la que predomina. Sin embargo, les aseguro que tenía su lado bueno.

Reconozco que era autoritario, mesiánico y dictatorial. Un emperador romano de la época dorada del imperio. Un semi dios al yo le tenía mucho miedo y cuando me preguntaba algo, me tiritaba la pera, me transpiraban las manos, me saltaba la guata, quedaba mudo, tartamudo y sin ninguna reserva de neuronas que vinieran en mi auxilio para hilvanar una respuesta sensata. No podía contestarle y un par de veces confieso que "se me corrieron los meados". Y el se reía. Lo disfrutaba cruelmente. Te metía el dedo en la herida hasta el fondo. Una respuesta equivocada y ¡cagaste te mandó saludos! Caías en la lista de los rojos (el rojo sangre le apasionaba). Te transformabas en su enemigo y te declaraba la guerra. A partir de ese momento eras un “comunacho” y quedabas plenamente identificado. En verdad era un gallo perverso y muy re vaca. Pero tenía su lado bueno.

Muchos -si hubieran podido - habrían asesinado a Pinochet. Ganas no les faltaban y los voluntarios sobraban. Algunos sugerían un atentado o algo así. Pero las posibilidades eran mínimas. En el territorio de su dominio, no se movía ni una hoja sin que él lo supiera. Una legión de esbirros le cuenteaba en la oreja (siempre en la derecha) todo lo que quería saber. Era siniestro para sus cosas. Pero tenía su lado bueno.
El perfil de Pinochet también incluía una personalidad muy exigente. No aceptaba errores. Y tolerancia cero a la desobediencia. Permanentemente te estaba calificando, evaluando, midiendo, poniendo nota de lo que hacías. Y sus decisiones eran invariables. Jamás las cambiaba. Ni medio punto, ni una milésima. ¡Viejo jodido este Pinochet. Lo odiábamos. Pero tenía su lado bueno.

Y lo bueno de Pinochet era precisamente la exigencia. No aceptaba la mediocridad. Nos obligaba a luchar por lo mejor. A mirar el futuro nuestro y el de la patria con mentalidad ganadora. Nos amaba a su manera y lo demostraba exigiéndonos al máximo. Quería que fuéramos chilenos de primera.

Venía seguido a Iquique.Yo lo acompañaba a Zofri. Compraba montones de cosas. La mayoría eran regalos “para sus chiquillos”. En el fondo nos quería mucho a su manera.
Después de cumplir 30 años de profesor en el liceo, alcanzó el cargo de director y una lapicera de oro. Se lo merecía don Pedro Pinochet Ramírez, mi viejo y querido profesor de Historia, Geografía y Educación Cívica.

Cuando Pinochet murió, varios de sus alumnos fuimos a su despedida. Pero también llegó un lote grande a proferirle los últimos merecidos garabatos porque según ellos, les amargó parte de sus vidas. Es entendible, ellos nunca conocieron ni comprendieron su lado bueno. Pinochet, descansa en Paz.

martes, febrero 05, 2013

El chicle de caca


Tengo un amigo que usa una expresión a mi juicio muy certera, muy gráfica, pero a la vez muy asquerosa. Me refiero por cierto a la frase que titula esta crónica: el chicle de caca.

Y el asunto me interesa no solo por la singularidad de la expresión, lo "exótico" del saborizante  o la constitución de este chicle, sino por los efectos  que produce en los seres humanos masticar esta singular “golosina”.

Mi amigo cree –y así he empezado también yo a coincidir- que por la vida cotidiana  circula un conjunto no despreciable de seres humanos que sus rostros reflejan desagrado, molestia, rabia contra el mundo, reclamo intrínseco, odio parido e incluso  hasta mal aliento pues de su boca no salen sino puras nauseabundas palabras, pésimas ideas, reclamos persistentes y escupitajos lingüísticos en forma de coprolalias repulsivas.  Eso es muy visible.  Representan una forma singular de andar por el mundo enojados  in extremus  por cualquier cosa que ocurra (en el mundo) o les ocurra (en su mundo) .  Están en la categoría de sujetos de “radiador  chico”, entiéndase que " se calientan muy rápido” y  que sus caras reflejan aquello pues jamás se les verá ni con una falsa sonrisa. Expresión del rostro que pendula entre “como comiendo limón o como tomándose una cerveza caliente (la cerveza) . 

La parte buena de la noticia es que los chicles de caca no están en el mercado, no se fabrican ni en China y que su principal mérito podría ser que se trata de un emprendimiento personal propio de cada país.  Es de autofabricación para su uso y goce.
Información calificada asegura también que probablemente sea uno de los emprendimiento humanos más antiguos.  Se presume además, que el hombre fabricó los chicles de caca para dar salida, libre expresión a estados emocionales de rabia, molestia, negativismo, odiosidades, hinchamiento de gónadas, reclamaciones múltiples, refunfuñamientos, pateos de perras, emputecimientos y otras malas ondas de similar y perversa naturaleza. Y lo peor, es que esto habría estado presente ya en los homos sapiens en las mismísimas e inhóspitas  cavernas del período jurásico.  

La mala noticia es que masticar chicles de caca es un pésimo hábito y para peor, adictivo y heredable. En cuanto al sabor, dicen que el chicle de caca es amargo, con aroma  ligeramente cítrico y con reminiscencias de ácido sulfúrico.  Y por lo mismo, tendría en general un insoportable olor a mierda. En cuanto a su constitución, en general sería pastoso, de consistencia gelatinosa, color parduzco y que habría variedad de texturas,  olores, aromas y sabores.  Pero independientemente de lo constitutivo,  el efecto es invariable. Pone de mal genio a las personas, les hace andar siempre enojados, negativos, molestos, criticando sin aportar nada y reclamando permanentemente sin encontrar nada bueno. En pocas palabras, conectados siempre al polo negativo de la batería. (Esto me recuerda a algunos políticos, doy como ejemplo a Andrade, el presidente del PS y a nuestra joyita local, el diputado barba- rojo).  Andan siempre como masticando el chicle de caca.         

Si usted ha tenido la buena suerte de no encontrarse nunca con masticadores de chicle de caca, dese con una piedra en los pechos, porque ya son legiones. Si quiere echarles un vistazo, métase en alguna red social  y lea lo que la gente opina. Allí podrá empezar a “cacharlos”. Son los que jamás dicen algo positivo, nunca agradecen  nada, nunca dan ideas positivas, siempre mostrando rencores, resentimientos sociales, hablando mal de los demás,  etc., etc. En verdad son unas verdaderas plastas que no aportan nada constructivo. Andan por la vida con su coprofagia. No hay salud, digo yo.

Los Cien años del sostén



Yo sostengo que la Revolución Francesa es a la Libertad, como el sostén es a la opresión.  Esto lo digo con motivo de los 100 años de vida que cumplió el sostén el año 2012, indumentaria femenina por excelencia que a través de la historia ha tenido detractores y defensores. Una lucha sórdida  por conciliar, entre otras variables, la necesidad práctica, la moda y la sensualidad femenina.  
El asunto comenzó con la muy deseada liberación. El tirano,  duro, inflexible y opresor corsé,  que si bien es cierto no apuntaba solo a contrarrestar y a la vez desafiar a Newton  intentando impedir a toda costa que los cuerpos menores fueran atraídos por la Tierra, tenía el loable propósito de contribuir a  mejorar la figura femenina, acentuando sus sensuales sinuosidades y vericuetos.  
Pasar del  corsé al sostén fue un atrevido acto revolucionario.  Tanto como lo  ocurrido en los  años del hippismo y la época de la revolución de las flores, cuando las féminas  se sacaban sus sostenes, los enarbolaban  y los lanzaban al aire como expresión de más libertad. De esta manera,  los pechos al descubierto han expresado de manera visible el principio universal de la libertad. Por eso es que también sostengo (valga la redundancia), que  el sostén y la Revolución Francesa se conectan  mediante un denominador común que es la libertad. El clásico cuadro  “La Libertad guiando al pueblo”  de Eugene Delacroix, muestra a una mujer con los pechos al aire conduciendo al pueblo francés hacia la libertad. Jamás podría haberse logrado el mismo efecto con una mujer con los pechos atrapados en un sostén. ¿Qué mejor testimonio de libertad que  mostrar libremente  los senos?
Pese a todo, el mundo femenino, en su gran mayoría, ha cedido estos espacios de libertad y los 100 años de opresión que cumple el sostén, así lo demuestran. Pero la historia en rigor  es más que centenaria. Hay una narración de un poeta latino que en una de sus obras se refiere al “strophium”, variante  del actual sostén usado por las cortesanas de la antigua Roma. Era  un trozo de lino que se cruzaba sobre el busto. El poeta lo definía  como "trampa de la que ningún hombre puede escapar. Cebo que reenciende la llama del amor". Una variante sensual del adminículo que estuvo de centenario cumpleaños.
Por otra parte, el brassiere (en francés suena más sexy) , símbolo de feminidad por excelencia, es una compleja obra de ingeniería, cuya construcción   no solo comprende más de una docena de piezas ensambladas a la perfección sino que también, debe garantizar que  sirve de soporte calificado, seguro y funcional, ante diferentes desafíos al que se le somete. Sean éstos una contienda deportiva, una riña o un tórrido encuentro entre amantes furibundos.
El sostén, forma parte de un conjunto de ropa que los hombres valoramos inmensamente: la lencería. Junto a los sostenes clásicos en blanco, negro o color piel aparece la nueva lencería colorida, con flores y estampas. También a través de los años, el diseño, material y funcionalidad ha cambiado para mejor. Desde los 70 el soutien (sigo con el francés)  es más ligero, menos constrictivo, más desafiante, más pequeño, incluso con detalles prácticos, como el broche al frente (variante funcional de las madres que amamantan, detallito  muy apreciado por  los varones con poca o nula motricidad fina). Así el hedonismo y el culto al cuerpo, a la exacerbación de la sexualidad, van promoviendo cada vez más  el boom por la lingerie  y aparecen el encaje, el tul y los bordados. Ya desde los 90 el corpiño (suena poco sensual en el habla hispánica) adquiere una dimensión fashion, con franjas de encaje, colores vibrantes, aros y copas reforzadas.   
En moda y gustos hay para todos. A algunas mujeres les gusta mostrar el busto para lo cual un buen sostén es indispensable. A otras a ocultarlo. Pero algo irrumpió en los últimos 15 años que le puso un plus (más bien dos) a este asunto del sostén. La llegada de la silicona. 
La silicona ayudó a la transformación de un accesorio principalmente práctico en un objeto de seducción, revolucionando la industria. La antigua expresión  “más contento que homosexual con senos” quedó fuera de contexto. Con solo 120 ml de silicona el asunto está resuelto por partida doble. Y también si se tiene pechuga en exceso,  la cirugía aporta lo suyo. Newton y su famosa ley de gravedad, no tenía idea que un polímero inerte le iba a boicotear su famosa teoría.
De lo expuesto podría llegar a varias conclusiones:
1. Que mujer con senos al aire simboliza  libertad.
2. Que mujer con los senos en sostén sugiere opresión.
3. Que el sostén moderno es el que tiene 100 años, pero que la opresión viene desde mucho antes. 
4. Que es una pieza vital en la lencería femenina  y un adminículo de seducción incomparable.
5. Que a la mayoría de los hombres les gusta  ver a las mujeres en, con o sin sostén.
6. Que igual que en los contratos de seguros hay deducibles que aplicar (peso específico de la glándula mamaria, resistencia a la gravedad, diámetro,  edad de la sostenedora,  tumefacción del pezón,  certificación de origen (si  venía de cuna o es un constructo de la ingeniería, etc.)
7. Que en la intimidad a los hombres les gusta tanto sacárselo como ponérselo a sus parejas.
En mi caso, no soy regodeón, pero en una encrucijada así, prefiero ponérselo. Digo yo.

lunes, febrero 04, 2013

Aulas virtuales

"No creo que aprendan de mi charla. Quizás algo los estimule, pero estoy seguro de que olvidarán la mayor parte", dice Roger Schank al comienzo de su presentación. No será lo único que llame la atención entre quienes lo escuchan. Más tarde dirá que leer El Quijote es una idea ridícula, que en clases de Historia sólo se enseña lo que a cada país le conviene y que las pruebas de selección múltiple "son algo muy estúpido".
Interesante invitado se consiguió Inacap para promocionar sus instituciones de todo Chile  para reforzar su lema "aprender haciendo". El académico tiene sus méritos, ha sido profesor de las universiades Stanford, Yale y Northwestern. Ahora trabaja en la idea de dejar las escuelas físicas y potenciar las comunidades en línea, donde los profesores  cumplan el rol de asesores virtuales. 
De las cosas que dijo me llamaron la atención  las premisas del aprendizaje eficaz, esto es bajo el supuesto que se aprende más: si se hace de  forma voluntaria, cuando existe interés por las materias, cuando se acepta el fracaso como parte del proceso, y finalmente si el contenido se considera entretenido.  Ninguna de estas caracteríticas está presente en el sistema actual.  Desde luego,  porque en los establecimientos hay nulas opciones de elegir los ramos que se prefieran, porque las metas son impuestas y porque hay un constante miedo al fracaso. Entre otras cosas.
Me gusta en algo la idea, especialmente en lo que dice relación a que  el rol de  los profesores  se entienda como la de un mentor y no como una persona que dicta cátedras. Un facilitador para conectarte con los que verdaderamente saben. Por ejemplo, si te interesan las misiones espaciales, ¿por qué no conectarte y pedirle a un investigador de la Nasa que te ayude?    
La pregunta del millón: ¿como  evitar que el ser humano, una entidad definitivamente social, pierda el contacto con sus semejantes?  Dice Schank que hay muchas otras actividades para el contacto. No necesariamente el proceso de aprender sería un método para asegurar el contacto humano.  A lo mejor tiene razón este gringo especialista en ciencias  cognitivas con su teoría disociadora.  Digo yo.  

jueves, noviembre 01, 2012

¿Hablar, decir o vociferar?



Hace tiempo que no me sentaba frente al computador para practicar mi ocio favorito. Escribir sobre lo humano y lo divino de la cotidianidad. En verdad había estado voluntariamente “submarineado”, metido en mis cavilaciones singulares. En mi mundillo propio. No puedo negar que estuve un tiempo achacado por el affaire que tuve con los israelitas, por un asunto que yo califico de meramente “lingüístico”. No tuve derecho “al debido proceso”, algo que hasta los delincuentes, terroristas, pedófilos y demases tienen garantizado.

Pero en fin, se entendió mal lo que dije, se interpretó peor y se reaccionó fatal. Eso es una muestra más de las fallas que presenta la comunicación humana, especialmente en la parte relativa a la comprensión. Esto me inspira a conversar hoy sobre el lenguaje.

Los humanos somos seres lingüísticos. Todo lo que hacemos es mediante el lenguaje. Nada ocurre en la humanidad sin que esté presente esta expresión del hombre. Todo lo hecho es producto del lenguaje. Todo lo que se hará y surja del constructo humano, será por el lenguaje, entendiéndolo por cierto en su sentido más amplio: verbal, no verbal y emocional.

¿No será como mucho, Lucho? Me he convencido que no es mucho Lucho. Y trataré de explicarlo bien consciente de que los chilenos somos bastante malos para entender lo que leemos. Lo explicaré con peras y manzanas, porque en asuntos de frutas, los chilenos calificamos dentro de América del sur.

Somos lo que decimos. Esto significa que según sea lo que expresemos, entregamos el perfil de lo que somos. Nos construimos a través de lo que decimos y hacemos. Si digo que soy honesto, justo y tolerante, la gente filtra el dato, lo procesa y lo valida o no. Si lo aprueba, el perfil vale. Si no pasa, reconstruimos otra imagen, la que nos puede a llevar a definirlo como mentiroso, imaginativo o abusivo. En ambos casos es la misma persona pero con dos imágenes. La que se tiene de sí mismo y la que ven los demás. La que predomina es la que construyen los otros. Ergo, nunca somos lo que mostramos, sino lo que los demás interpretan según actuamos.

Espero que hayan funcionado las peras. Paso ahora a explicar con manzanas -que ya es para más avezados- lo que nuestro lenguaje expresa verdaderamente cuando hablamos. Esto es lo que se puede leer entrelíneas, como la letra chica de los contratos de las Isapres. Aquí es cuando aquello de que “el lenguaje no es inocente” alcanza su clímax. Para comprenderlo, usted debe saber que la comunicación humana puede tener a lo menos cinco tipos de manifestaciones: afirmaciones, promesas, peticiones, declaraciones y ofrecimientos. Ese es el camino que transitan todas nuestras comunicaciones. En eso nos pasamos todo el día… y la vida.

El lenguaje verbal no es inocente significa que cuando lo hacemos nos comprometemos de una forma u otra y que toda expresión tiene eficacia en la medida que modifica la realidad. Si digo “Zofri es un instrumento de desarrollo regional” y “ Zofri es el instrumento de desarrollo regional más importante de últimos 40 años”. Se ven parecidas. Ambas atribuyen propiedades a Zofri, la única diferencia es de contenido. La primera la define : instrumento de desarrollo regional”. La segunda la califica: el instrumento más importante. Lo mismo sucede cuando hablamos de las personas: Fulano de Tal “es candidato a Alcalde” y Fulano de Tal “es un muy buen candidato a Alcalde”. Parecieran lo mismo, pero no es así, pues en la primera solo nos remitimos a hechos y en la segunda a juicios de valor. Durante siglos hemos tratado estos enunciados de manera similar y es por eso que se arma el conflicto interpretativo.

Esto se traspasa a nuestra vida diaria y está presente en todo los dominios, en las relaciones laborales, en la forma en que escuchamos las noticias, en la interpretación de los discursos políticos, en las ofertas electorales, en las promesas de cambios estructurales a la educación a la justicia, a la discriminación, al modelo económico y así suma y sigue.

Ahora que ya estamos en tierra derecha de la carrera electoral es bueno entender bien lo que dicen los políticos, para reconocer lo que su lenguaje expresa. Recomiendo afinar los sentidos. Si el candidato de sus amores dice por ejemplo, que luchará por un Chile seguro, Ud. tiene el legítimo derecho a preguntarle si es una promesa, una afirmación o un compromiso. Lo más probable es que sea una inocua declaración con menos respaldo que un puff. Digo yo.

La procrastina Michelle



Iquique, diciembre 2012

¡Ya poh Michelle! Córtela. Decídase luego. Tiene trancada la pelota. Lo único que liberó fueron fotos para la campaña municipal ayudando así  a los que querían salir elegidos no por méritos propios sino de rebote, a la sombra de su imagen.

A nosotros, los ciudadanos de a pié, que somos la gran mayoría, nos interesaría saber si seguirá ganando sueldo en devaluados dólares o en moneda dura, o sea en pesos chilenos. Nos da lo mismo, pero como circulan tantas versiones todo esto está resultando demasiado confuso, tirando para kafkiano.  Consecuente con este ambiente ambiguo y contradictorio, yo creo que es tiempo de que vuelva, se ponga un casco militar, ropa de camuflaje, se suba a un tanque y haga una arenga con retórica presidencialista. Como lo hizo la vez primera.
Michelle, córtela, tome una decisión. ¿Va o no va a la pelea? Puede contestarnos por escrito o llamar. Dicen que es buena mandando cartas y con el celu. 

Le cuento que esta incertidumbre tiene desorientados principalmente  a los políticos de su fronda. Y ninguno de los “presidenciables” aparecidos y reaparecidos sabe a qué atenerse mientras usted mantenga esa procrastina conducta. Pienso honestamente que una persona con su trayectoria no debiera andar mostrándose tan irresoluta. Impropio de líderes planetarios y ex jefes de estado de su alcurnia.

Como usted sin duda lo sabrá mi estimada ex presidenta (porque los de la ONU se las saben todas) la procrastinación es un mal hábito. Postergar y postergar una decisión o acciones frente al futuro, es un trastorno del comportamiento que se interpreta también como debilidad de carácter y cierto temor a realizar todo acto que puede ser percibido como abrumador , desafiante, inquietante, peligroso, difícil, o aburrido, por lo cual se chutea la decisión in eternum si es posible. A un futuro sine die como dirían los abogados. La procrastinación puede llegar a ser grave dependiendo de cada persona. Especialmente para aquellos que por su trabajo, deben tomar decisiones importantes, frecuentes, estratégicas, oportunas y rápidas. Es decir del tipo habituales para los residentes temporales de la Moneda. Por lo tanto es una mala señal. Es por eso que le dieron tan duro por su actitud en aquella fatídica madrugada del 27/F en la oficina de la Onemi, donde Ud. se veía tan indecisa. Daba la impresión que no podía comer chicle y decidir a la vez. Y eso no es bueno. Ni comer chicle ni ser indeciso. 

Los procrastinos tienen características que los hacen verse como incompetentes. El miedo al fracaso en situaciones donde no hay garantías de éxito les aterra. La dificultad para tomar decisiones y la búsqueda de garantías de éxito antes de iniciar una tarea les provoca finalmente sentimientos catastrofistas, y como resultado se sienten indefensos. Por eso se dejan querer hasta la exageración. Les encanta ser queridos y sufren si se les rechaza. La creencia que subyace es: «todos deberían seguir amándome y no olvidarse de mí”, pero por favor “no me apuren”.

Lo grave también - además del tránsito lento para decidir -  son las conductas adictivas que le podrían afectar e inducirla a comportamientos de evasión incurriendo en sublimaciones como: exceso de computación, sexo, chicle, chocolates o ver teleseries malas y realities peores. Todo lo anterior sin considerar el conocido “síndrome del estudiante” (dejar todo para el último día) como la entrega de trabajos, pagar los impuestos, sacar el permiso de circulación, cambiar el domicilio electoral, etc.

Ahora bien, me pregunto ¿de qué tipo de procrastinación padecerá Michelle? Será el por evasión, esto es, evitar todo por miedo al fracaso. Será por activación, es decir postergar hasta que ya no haya más remedio que decidir. O por agotamiento del tiempo. Intentando tomar la mejor - mejor - mejor-mejor - mejor decisión, finalmente se le pasa el plazo.

Estimada ex mandataria, no deje para mañana lo que pudo hacer ayer. Digo yo.


miércoles, octubre 31, 2012

Labbé y la divina Providencia


En una elección política siempre hay perdedores y ganadores. Lo raro es que muchas veces los que pierden pueden demostrar que ganaron (o que quedaron…casi iguales) y los que ganaron, en muchos sentidos perdieron. Si son perdedores optimistas dirán que ganaron… experiencia. Y si se trata de un ganador pesimista, podrá pensar que perdió, la cómoda vida familiar, los horarios de trabajo normales, y todas aquellas cosas que podía hacer cuando era un político anónimo.

Que alguien pierda y otro gane es lo esperable. En Iquique, por ejemplo, se sabía que habría un solo ganador. Era obvio, sólo un cargo había que llenar. Los ciudadanos pudieron elegir este domingo entre dos guisos: Pollo o Choro (conocido aquí en el norte también como Loco). Los demás participantes eran arroz graneado. Sólo acompañamiento. Partieron como looser y terminaron igual. Solo calificaban para profecía autocumplida.

Ahora bien, si usted pertenece al grupo de los ingenuos y bien pensados, seguro se preguntará ¿y para que se presentan entonces? La respuesta es obvia también: para ganar horas de vuelo y acumular millaje, para posicionar sus nombres en la memoria colectiva, para practicar oratoria, perderle el miedo a los flashes a los micrófonos y a las multitudes. También para practicar “mentiras piadosas”, perder plata, en fin, para múltiples propósitos, muchos de ellos a veces inconfesables o incomprensibles.

Pero no todos los candidatos tienen un viaje placentero. Uno que lo pasó muy mal durante todo el viaje fue el edil Cristian Labbé de la comuna de Providencia que además tuvo un aterrizaje fatal No captó nunca las señales de turbulencias ni leyó el aviso de ajustarse el cinturón, tampoco oyó las voces de la torre de control que le venían diciendo desde hacía rato que en este viaje el horno no estaba para bollos. Y así no más fue. Labbé no la vio venir (la derrota).

A mi juicio, su explicación del fracaso apunta a una causa equivocada. Le echa la culpa a un error comunicacional por no difundir bien lo que hizo: la gestión. Dice no haber controlado la variable comunicaciones, dedicándose solo a gestionar bien, lo que hasta le valió premios internacionales. Y eso no fue malo para los providencianos, por el contrario, un municipio moderno se mide por su gestión en beneficio de sus ciudadanos. Pero lo que no sabía Labbé, es que hacía más de 20 años que un tal Goleman ya había dicho que para ser exitoso no bastaba saber y hacer bien las cosas (capacidad + un alto CI) sino que fundamentalmente, había que tener destrezas sociales, habilidades comunicacionales y principalmente saber escuchar. La llamó Inteligencia Emocional (IE). Esta inteligencia es la que no tuvo Labbé y fue la culpable de su segundo retiro, por  su incapacidad para relacionarse con los seres humanos. Tiene sentido, pudo haber sido esto. Pero a mi me tinca más que fue obra de la Divina Providencia. Digo yo.

martes, octubre 30, 2012

El factor "S"


"Por ser un tema tan actual, con motivo de las elecciones municipales de este año 2012, invito a leer esta crónica que fue publicada por el Semanario Iquiquexpress el 18 de diciembre de 2005. Vale la pena, 
 analizarla  a la luz de los nuevos tiempos, digo yo. "


De las más de diez acepciones que nos ofrece el diccionario para definir la palabra factor, tomo las pertinentes para desarrollar el tema de hoy: El que hace o causa una cosa. Causa determinante o condición necesaria de una cosa.
Entender el concepto me parece fundamental para esta crónica, en la cual me introduciré en asuntos complejos de la mente humana y del comportamiento social.
Para hacerlo, seguiré un método que inventé y que sin razón válida alguna le llamo “manifestaciones psico-socio egocéntricas de efecto múltiple”, lo que no es otra cosa que intentar explicar lo inexplicable de los efectos que producen las acciones de ciertos sujetos (autoridades públicas) en una comunidad, la que reacciona de una determinada forma, asaz extraña.
En Iquique desde hace más de 30 años, existe el “factor S”, el que ha demostrado ser causa decisiva, por acción u omisión, de la mayoría de las cosas que le suceden a esta comunidad, generando una determinada reacción.
Para entender esto de los factores, se pueden mencionar ejemplos conocidos como el factor Kirchner (factor K en Argentina) el factor Lagos, el factor Pinochet, el factor Zaldívar, el factor Alvear, el factor DC, etc. En otro ámbito de cosas, están el factor dinero, el factor político, el factor género, el factor geográfico, el factor tiempo, etc.
Pero en este caso, me quiero referir a ese factor local que usted sabe cual es y que está internalizado en nuestra sociedad y que ante su sola mención genera efectos sorprendentes, lo que ya estamos asimilando como una constante.
La sociedad iquiqueña, con los iquiqueños propiamente tales (natos) y todos los que han venido a vivir a esta ciudad, han sufrido los efectos del factor S. Para muchos estos efectos han sido positivos y para otros, catastróficos. A pesar del tiempo, el factor S ha dado muestras claras durante las elecciones del reciente domingo 11 de diciembre, que sigue vivito y coleando, a pesar de que el recién matrimoniado diputado Rossi, asegure que es el comienzo del fin.
Durante mucho tiempo una masa ciudadana importante, ha creído que el factor S ha sido fundamental en la vida pública y que por lo tanto, responsable directo de lo bueno del estado actual. Pero por otro lado también están quienes creen lo contrario. Sin embargo lo concreto es que los efectos del factor son cosa cierta. El reclamo y la molestia transitoria de los contrarios, es solo testimonial.
El factor es tan poderoso que cambia las tendencias y rompe los equilibrios. Y a causa de esto, sigue administrando el poder, aún cuando a veces tiene una tenue e inicial oposición la que al poco tiempo se ve morigerada. El factor S es tan fuerte, que arrasa con cualquier oposición.
Es por eso que hoy, a causa de su poder, a solo treinta días de la segunda vuelta electoral para elegir Presidente, no cabe duda que su fuerza ciclónica (en época de elecciones se autocarbura) puede producir efectos más allá de los límites geográficos.
En efecto, en una contienda estrecha por la presidencia, como se prevé, el factor S podría ser decisivo. No debe olvidarse que el año 1999 la diferencia entre Lagos y Lavín fue de solo 30 mil votos. En el escenario actual, los candidatos Bachellet y Piñera tendrán que intentar que los vientos del factor S soplen hacia sus respectivos molinos. Quien asegure apertura de los hitos cordilleranos y medidas concretas de apoyo a la ciudad y a Zofri, entre otras, sin duda será beneficiado con el efecto S.
Si se me permite la analogía, podría decirse que el efecto S es igual a lo que se conoce como el Efecto Mariposa, un asunto que hoy se investiga dentro de la llamada teoría del Caos. Ambos elementos están presentes en el factor S. El Efecto Mariposa (un pequeño aleteo en Iquique, puede producir una tormenta en la Moneda) y el Caos (la situación de la ciudad, donde nada funciona bien, todo está en un perfecto desorden, todo está pendiente, etc. etc.).
Por otra parte, la génesis del factor puede analizarse desde múltiples ángulos. Desde la perspectiva del caudillismo, del liderazgo populista, del mesianismo, de la creatividad, de la imaginación desbordada, del cálculo político (ingeniería política innata) de las técnicas motivacionales, del encantamiento de las muchedumbres, de la generación de esperanzas, de la ingenuidad de la masa social, etc. etc.
Pero no solo eso. El factor S, es también un conjunto de síntomas y consecuencias que coexisten simultáneamente, lo que lo transforma en un síndrome. También para muchos es más que eso. Es como un karma de los iquiqueños y que como tal, las posibilidades de superarlo, prácticamente no existen. Se transmite de generación en generación. Se hereda tal cual las mandas a la virgen de la Tirana.
A causa del factor S, los ciudadanos tienen diversas reacciones. Para una mayoría “es la causa determinante o condición necesaria de todas las cosas”. Esta fracción ciudadana cree en consecuencia, que el factor es ineludible y que siempre debe estar, para que las cosas sucedan. Por lo tanto, sin mediar su participación, en Iquique nunca habrían existido la Zofri, el Aeropuerto Internacional, el Mall Las Américas, el Puerto, la infraestructura turística e inmobiliaria, las empresas mineras o los caminos. Sin el factor S, aún estaríamos con banderas negras. Iquique sería una caleta de pescadores artesanales.
Para otros, sin embargo, el resultado es diametralmente opuesto. Opinan que “a pesar del factor S”, se ha podido sacar adelante esta ciudad y ha crecido mucho. Literalmente "se ha ido para arriba".  Pero lo curioso es que aún discrepando, hay conformidad y aceptación. Los iquiqueños (especialmente los avecindados) dejaron de luchar y en verdad solo se han dedicado a quejarse y nunca han hecho nada serio y definitivo para liberarse del factor. Aceptan que esté ahí. Ya dejaron de cuestionar si debe o no estar. Se acepta que esté, se acepta su influencia, se aceptan sus efectos y defectos. Es parte del paisaje, es como un elemento más de un parque temático. Se terminó por aceptarlo como un síndrome o como un karma. La ciudadanía terminó por darle si no su bendición, por lo menos un cheque en blanco para que lo gire cuando lo estime conveniente.
Finalmente y volviendo a la definición de factor, en donde se indica que tiene una naturaleza “determinante y necesaria” esto hace que sea imposible prescindir de él. Así, gústenos o no nos guste, el factor S permanecerá entre nosotros secula seculorum, hasta que Dios quiera. Digo yo.