sábado, abril 27, 2019

Macho Alfa amenazado 

Hace poco escribí para una revista el artículo donde expuse lo que observaba desde hacía tiempo y en diversos escenarios. Que el poder femenino había dejado de ser un eslogan para su nuevo rol en la sociedad moderna y que ahora mostraba interés por alcanzar espacios que desde la época de los bonobos, pertenecían sin discusión a los machos.

Mencioné que habría atisbos de una confabulación para quitarle piso a la posición histórica y genética de supremacía masculina, donde lo femenino asumía básicamente las misiones alimentarias, procreación y crianza. Y di el testimonio que está en la Biblia cuando Eva enfrentó a Dios (de joven ya mostraba carácter rebelde) involucrando a Adán en el cuento de la manzana mágica. Lo convenció de que al comerla adquiriría poderes para superar al Dios creador. El ingenuo y hasta ese momento casto Adán, se creyó el cuento y tras comerse la manzana y a la Eva, en ese orden, fueron expulsados del Paraíso. Y a Eva, por ser la instigadora, Dios la condenó además al sometimiento del macho de por vida. Y esta es la supremacía de origen divino lo que hoy las mujeres quieren cambiar.

El tema cada vez es más potente.  Las reclamaciones femeninas provienen del mundo del cine, el espectáculo, la religión, la política, los negocios y los gobiernos. Reclaman conductas abusivas e indebidas de los hombres amparados en sus posiciones de poder. Y todo esto, que ocurriría desde siempre pero que por décadas se comentaba a bajo volumen, hoy se virilizó y las mujeres “se pusieron los pantalones” y dijeron en un coro multinacional… ¡Basta ya! No somos objetos sexuales. Debemos ganar lo mismo que los hombres. Podemos pretender cualquier posición en la vida y la sociedad. Podemos caminar y comer chicles a la vez.  Exigimos igualdad de derechos y tomar decisiones tanto en la intimidad de la alcoba, como desde la presidencia de una multinacional
.
Antes, ellas peleaban por pequeñas posiciones. Hoy van tras el premio mayor. Lo quieren todo y ser tratadas iguales. Sin embargo, hay quienes opinan que las buenas intenciones iniciales de “emparejar la cancha”, se les escaparon de las manos. Una simbiosis del  Yin y el Yang habría sido  razonable. Pero parece que no les bastaría su hemisferio izquierdo para lograr el equilibrio pues su lado Yin en solitario las arrastraría a la confusión, emocionalidad, inestabilidad y otros déficits. Para eso necesitarían el poder del Yang, para equilibrar su mundo. Requerirían del hemisferio zurdo, los valores activos, racionales y la voluntad. Y ese es el peligro. No solo quieren copiar el modelo macho, sino reemplazarlo.
¡Houston, Houston! El Macho Alfa está en peligro. Es lo que creen algunos. Yo pienso que eso no ocurrirá, porque ser mujer tiene muchas ventajas: No afeitarse todos los días. Vivir más años. Besar a otras mujeres sin que sea mal visto. Nunca tener que preguntarle a la pareja si tuvo o no orgasmo. Cargar cosas pesadas. Tratarse la impotencia. Roncar fuerte. No importarle que el marido gane más. Seguir acumulando peluches. O que el tamaño del sexo sea problema.

Ser mujer es lo mejor que les puede pasar. Viven más, pueden retocarse, hacer varias cosas simultáneamente, ser multi orgásmicas, hacerse “las niñitas”, culpar de todo a su período, incluso sobrevivir a los naufragios (Las mujeres y los niños primero), llorar cuando quieran y mucho, mucho más.  Pero ser varón no es fácil. Porque no lloran. Pueden tener un solo par de zapatos,  ducharse en cinco minutos y usar un jean por años. Quizás ellas ya no quieran su identidad y solo deseen ser tratadas como hombres, que les paguen sueldos del nivel de los hombres, salir con amigos los viernes, ver fútbol, jugar fútbol o jugar juegos de fútbol. Creo que erróneamente quieren ser machos, sin plena conciencia de lo bueno que es ser hembras. Digo yo.

Cursillo express 

Hace años escribí sobre ciertos hábitos sociales que no me gustaban para nada. Había cosas que para alguien como yo, tolerante y liberal - pero enchapado a la antigua- me costaba aceptar. Posiblemente porque no las entendía o porque su lógica me sobrepasaba. Me parecían prácticas antisociales deplorables y que aún no las asimilo a cabalidad. De las más antiguas solo recordaré: comer en el cine, poner música a todo volumen (en vehículos o playa) y mascar chicles hasta en misa. De las nuevas, abomino los tatuajes, los piercing, la audifonomanía, el lenguaje y la escritura en las redes sociales,  las tribus urbanas, la comida chatarra y las paredes rayadas. Entre varias otras.  Pero lo grave es que ahora sumé una nueva aversión.

La llamo “la maldición del Power Point”. Cada vez que veo que se hacen los preparativos para una presentación con Power Point, siento ganas de escaparme. Desde que se empezó a utilizar este instrumento, la calidad de los seminarios, exposiciones, charlas y similares se fue a pique. Murieron los buenos expositores, los oradores calificados, los participantes entretenidos  y los que sabían y lo demostraban con sus propios méritos. 

Pero, hagamos justicia, el culpable no es el software sino el expositor.  Con una presentación  en Power Point, un pendrive, más un data, un notebook, un control inalámbrico , un telón o una pared no muy oscura, cualquiera puede hacer una disertación de lo que le pidan. En  Google hay cientos de formatos y temas de todo lo que pueda imaginar. El usuario puede adaptarlos a su pinta para toda situación y auditorio. Pero el resultado, ese es otro cuento. Para ser honesto, la mayoría son “reguleques” tirando para malitos. En mérito a ello  haré mi primera buena obra del año. Entregaré aquí - sin más costo que el precio del diario( un poco más caro por ser domingo) un cursillo full express para expositores inexpertos:



a) Siga la regla del 5 x 5. No más de cinco líneas, ni más de cinco palabras por línea en cada slide.

b)
En lo posible no use distractores: movimientos, entradas, sonidos o  fotos.

c) Si usa fotos o dibujos, “que hablen por si solos”.

d) Verifique el contraste del color entre texto y fondo.

e) Pruebe el diseño in situ. Siempre en el PC se verá mejor que en la  presentación real.

f)  Use letra mayor a  tamaño 36. Jamás cursiva, ni combinación de familias de letras diferentes. Nunca toda la escritura en letra imprenta y siempre en un solo color.

g). El texto es solo un ayuda memoria, el “torpedo”. No es la explicación misma. Leer es pecado mortal.

h)
La tarea del expositor es esa: exponer. Ahí está su éxito. Lo único importante es lo que diga. No lo que lea. Es su hora de la verdad (que ojalá sea menos de una hora).

Finalmente algunos bonus tracks: Nunca le dé la espalda al auditorio. Ni siquiera de perfil. Su presentación no debe superar la tolerancia del trasero de la audiencia en sus sillas. No sea autorreferente, su historia y conocidos  no interesan.  Vaya directo al grano.  Demuestre que sabe, hable bien y no use lenguaje coloquial. Agregue una pizca de humor. Esto es lo que los expertos sugieren más lo que yo le agregué de mi cosecha. Digo yo.

lunes, abril 22, 2019

¿Curriculum o ridículum?



Por razones profesionales, estas dos últimas semanas he leído, revisado y analizado más de doscientos currículos del tipo vitae, esto es, que relatan los hechos de la vida laboral preferentemente de un sujeto (o sujeta).  Después de esto, pienso que estoy calificado para auto declararme temporalmente experto en currículos. Un especialista para ver debajo del agua en estos pequeños extractos de vida, sacando de estos testimonios - poco verificables - lo que es verdadero, exagerado o simplemente inventado.   Me podría declarar experto en esto de leer entrelíneas y extraer de estos resúmenes vitales lo que es verdadero, lo que es exagerado y lo que es una mera manifestación del deseo de haber hecho lo que nunca se hizo.

Los  CV son parte de la vida qué duda cabe. Lo interesante es descubrir si esa parte que contamos en estos resúmenes de nuestras existencias le pueden resultar interesante o sorprendente a un futuro empleador, de tal forma que no dude un minuto en contratarnos de por vida con el mejor sueldo del vilipendiado mercado.
La gente ha ido aprendiendo cómo hacer mejor sus curricula (en latín plural de curriculum, aún cuando suele usarse curriculums).  Lamentablemente se ha preocupado más de lo formal en circunstancias que lo importante es otra cosa.  Desde hace ya unos 15 años,  al futuro empleador no desea saber exclusivamente qué sabe hacer o qué ha hecho el postulante, sino cómo lo ha hecho y principalmente cómo se ha manejado a sí mismo y con los demás.  Y el asunto tiene lógica, porque lo que generará productividad en la empresa será no solamente lo que el candidato sabe (porque si no lo sabe se le puede enseñar) sino  que principalmente por sus capacidades para manejar el “ser y el sentir”.

Es sabido que hasta el mejor proyecto empresarial puede fracasar no por razones financieras, de mercado u otras, sino por causa de las personas que lo realizan. Y esas razones no son del know how, sino de comportamiento. Los elementos intangibles son los que generan más productividad, agregan valor al trabajo y brindan satisfacción. O sea, que además de hacerlo bien y lograr los resultados esperados, las personas lo disfrutan.  Es decir, se alcanza el deseable ganar-ganar. Gana la empresa, gana el trabajador, gana la sociedad.

En el nuevo CV quien busca empleo debe consignar además de lo hecho (no solo el nombre de la empresa, depto. o sección) su real aporte al área donde trabajó, realizaciones destacadas, etc. sino que entregar antecedentes que lo perfilen como un ser humano completo. Debe mencionar aficiones, lecturas, hobbies, prácticas de deportes, integración a entidades, es decir, mostrarse como un ser dentro de la sociedad familiar, laboral y comunitaria. 

Un tipo que muestre que  solo se ha dedicado a trabajar, aún cuando lo haya hecho muy bien, no es un gran aporte. Personalmente no lo recomiendo en primer lugar.  Prefiero al que sin saber tanto (lo puedo mejorar y enseñarle conocimientos y entregarle competencias) pero que tiene motivaciones, creatividad, audacia, simpatía, respeto por los demás, buenas relaciones interpersonales, potencial de desarrollo y con orientación al éxito.  Una persona que exprese felicidad y la irradie. 
Esos curriculums de muchas páginas con una relación cronológica interminable solo de cosas hechas me parecen  ridiculums. 

domingo, abril 21, 2019

Apps… para los tiempos de hoy




Estoy convencido que nuestros futuros días serán cada vez más raros, complicados y en “modo” cambios constantes.  Y esto, sin duda,  transformará más y aceleradamente nuestras formas de vivir en la sociedad presente metiéndonos sin mucha capacidad de cambiar u opinar, en un estado y circunstancias  que creo que ya llegaron.  Por eso, pienso que  todos tenemos la obligación-necesidad  de aprender a conocer,  usar y familiarizarnos con todo lo nuevo que se instale o aparezca ya que el cambio es una constante. Esto, con una mirada darwiniana, no es más que  la señal de que nos adaptamos o acabamos como especie. A lo menos,  como hasta hoy la conocemos. 

Para que no nos ocurra esto y terminemos como el escritor Yuval Noah anticipa en su best seller Homo Deus - una breve historia del mañana-  debiéramos a lo menos tomar conciencia del ahora para poder resolver ciertos temas del mañana. Dicho lo anterior,  sería una realidad que - especialmente para  los modelitos humanos construidos en los viejos tiempos de la  segunda Guerra Mundial-  replantearnos nuestra actual forma para vivir en concordancia y armonía con el entorno. Yo opté frente a dos alternativas: aprender o aprender, siguiendo la sabia filosofía de don Pato Aylwin,  “en la medida de lo posible”.


No es una excusa,  pero el creciente club de la tercera edad tiene más socios activos y potenciales que ya se los quisiera un partido político. Lo probable también es que esta tendencia siga un derrotero similar y más complejo con el pasar de los años…rectifico,  las horas. Mientras aumenta la vejez,  lo nuevo es una constante e ineludible. Y así, en este mundo globalizado en un par de minutos puede estar instalada “sin ser consultados, una Aplicación. Conocida como Apps, no son sino programas que tienen todo lo necesario para “hacer algo” que necesitamos hacer. O sea,  todo lo que se nos pueda ocurrir o necesitar. Hoy hay Apps para todo lo imaginable y mucho más. Estos mecanismos, verdaderos manuales operativos de cómo hacer “cualquier cosa” se han desarrollado básicamente como soluciones computacionales y  equipamiento ad hoc. Sin embargo, hay una derivada peligrosa que más temprano que tarde empezará a pautearnos hasta cómo hacer las cosas humanas. Ergo, empezaría a desaparecer el razonamiento individual y emergería en  nuestras decisiones, “algo”, que hasta la fecha se lo teníamos encargado al cerebro. 

Hoy, en el mundo de las realidades cuando alguien debe actuar o hacer algo que no sabe,  puede acceder a una App, la que le señala los pasos a seguir. Doy un ejemplo de la vida misma. Imagínense a un joven adolescente intentando tener sexo por primera vez con una par igualmente inexperta. En décimas de segundos digita la App de rigor. El programa le dirá -incluidos diagramas y datos técnicos-  todo lo relativo al acto copulativo humano. Y si desea puede acceder a Apps derivadas para lo que viene después, algo así como la App “las mejores acciones post acto copulativo entre humanos. Luego si desea, activar la App: Conversaciones para el regreso a casa. Asimismo la App: Diálogo con los padres de la polola, etc. etc. No está demás estar enterado que también hay App sobre “cuentos del tío, chamullos creíbles, mentiras piadosas, tips para enamorar, simpatizar con la suegra o conseguir que el suegro les pase el auto. En el ámbito educacional, colegio o Universidad, las Apps son trascendentales y decisivos. En el pasado, solo estaban los artesanales torpedos.

El asunto tiene potencial. Un manual para una vida, que en régimen, ya se lo hubieran querido los antiguos. Gracias a la tecnología,  las Apps nos  dan una manito de gato para resolver no solo lo tecnológico y laboral, sino asuntos de la vida.  Ahora a  solo un click ya tenemos el Manual de los Cortapalos en versión electrónica. Dios nos pille confesados. Digo yo.

sábado, abril 20, 2019


A Rusia sin amor 


En la película De Rusia con Amor, James Bond, además de sortear múltiples peligros, acabó con poderosos adversarios, la pasó divinamente con cuanta rucia se le puso en la mira y en pocos días, metió varios e inolvidables goles en aquellos fríos parajes. Una experiencia intensa que quedó grabada por siempre en la mente y en el celuloide. 

Nada parecido a lo de Chile, que se congeló antes de pisar la fría Rusia. Ni siquiera pudimos mirar de cerca a los enemigos deportivos del Campeonato Mundial aun cuando hasta cierta fecha ya nos veíamos en el vuelo Santiago - Moscú. ¿Cómo íbamos a dudar si los rivales eran ganables? Era cosa de aplicarse un poquito, juntar un par de puntitos y partir a Rusia con amor.   


Hay dos refranes pertinentes que cito aquí unidos: “No hay que llorar sobre la leche derramada, ni limpiarse el trasero antes defecar”. Sirven para entender la experiencia vivida, en la cual literalmente nos farreamos el mundial. Una oportunidad que probablemente nunca volvamos a tener tan cerca. Virtualmente nos bajaron del avión cuando ya habíamos embarcado hasta las maletas.  Las causas y las explicaciones nunca fueron suficientes para entender el cagazo.  Cualquier chileno del futuro se va preguntar: ¿Por qué cresta Chile no fue al Mundial de Rusia 2018? 


Para responder esto habría que hacer ciertas conjeturas. Desde lo deportivo obviamente, hasta la variable que se nos ocurra. Pudo ser solo la mala suerte; alguna súbita desalineación de los astros;  maleficios de brujos de latitudes hostiles, falla en el mindfulness y desconcentración  de los concentrados. Todo es posible, incluida una vendetta mundial porque nos tendrían ojeriza, mala onda y envidia por las dos copas internacionales ganadas al hilo. O porque podíamos ser duros rivales de los consagrados de siempre.  Por esto y más, confiábamos ciegamente en la clasificación. Y ese fue el error, estar medio ciegos. Y muchos salieron a festejar antes de tiempo y obviamente los chiquillos de la selección, que  contaron con la anuencia del entrenador que ya estaba en otra, seguro pensando cuando ganaría post mundial, con un contrato en algún país oriental. Y así, sobrados y despectivos con los rivales, caímos en el viejo error de limpiarnos el trasero antes de tiempo. 

¿Con la clasificación en el bolsillo, quien nos iba a poner límites? Se aseguraba que superaríamos la hazaña del Mundial del 62. Pero, de un día para otro, todo se fue a negro.  Y la pregunta es ahora saber quién o a quién culpar por no estar en el Mundial. Era la oportunidad del siglo, teníamos algunas sandías caladas, varias joyitas, con lo mejor en muchos años. Un equipo de primera. Motivados, convencidos, valientes, temidos por los adversarios y con dos copas internacionales recientes. Pero no funcionó, sea porque la diosa fortuna no lo quiso, por algún maleficio, algo raro que le echaron a los tragos o que se yo, pero lo cierto es que fuimos groseramente excluidos del mundial con muchísima pena y sin nada de gloria. 
Ante lo ocurrido, surgen preguntas. Saber la reason why  para salir del hoyo negro. Descubrir las razones que expliquen la causa profunda de la eliminación de Chile al mundial de Rusia. Ante esta inquietud, propongo dilucidarlo mediante un juego de mucha sabiduría. El Cachipún, también conocido como Piedra, Tijera o Papel. 



La pregunta sería: ¿Por qué Chile no clasificó al mundial de Rusia?  Si el participante elige PIEDRA significa que cree que se debió “a la mano blanda de Macanudo que ya tenía su mente puesta en las cláusulas del contrato con Arabia Saudita”.  Si elige TIJERA significa que cree que fue “por la pésima influencia de los jugadores líderes y profesionales del carrete” que son varios. Y si opta por PAPEL, significa que fue “por las malas vibras de los hinchas pesimistas, fatalistas y de mal agüero que no le tienen fe a la Selección”.
Sugiero practicar este juego en familia y con amigos, porque es clarificador. Podemos aprender de la experiencia vivida y evitar llegar a ser un país de eyaculadores precoces en estos procesos de selección para competencias de fútbol de clase mundial.  Acabaríamos siempre yéndonos antes de la final.  Digo yo. 

lunes, diciembre 19, 2016

Este año sí que sí

Publicado en el diario El Longino de Iquique en marzo de 2015
Creo que a muchos puede ocurrirle lo mismo o algo parecido. Cada vez que le doy “inicio” al año - que es en marzo, después de las vacaciones y cuando comienzo a tomar en serio esto de vivir para trabajar o trabajar para vivir, reviso mi habitual listado de cosas que me comprometo a hacer. Son un conjunto de propósitos en lo laboral, cultural, social, familiar, intelectual y hasta espiritual, que me autoimpongo principalmente para mi mejoramiento.  Incluso las escribo y las pongo en un lugar visible.  Pero a medida que pasan los días, semanas y meses, estas tareas siguen sin entrar a fase operativa. Y lo que si empieza a moverse es mi conciencia con la sutil aparición de sentimientos de culpa a causa de mi persistente procrastinación. El mal hábito de dejar todo para después.
El sentido culposo se me pasa por ahí por septiembre con la llegada de la primavera y los primeros guitarreos dieciocheros, por lo cual, en rigor, el sentimiento aquel me dura escasos cinco meses. Esto hace más soportable y menos doloroso mi sensible ego. Será para el año próximo, me digo.
Como esto es reiterativo, he pensado bastante en cómo superar esta conducta impropia de una persona de estos tiempos (rechazo sentirme de otros tiempos) y rescato algunas ideas que leí y que por cierto no son mías pero que me gustaría que lo fueran, porque las encuentro geniales. El truco está en salirse de lo convencional y plantear un cambio de conducta mediante logros de propósitos muy precisos y por sobre todo inusuales.  
Por ejemplo, si Ud. quiere mejorar su estado físico y figura este 2016, no se proponga muchos kilos de menos, ni muchos kilómetros de más, para estar bien.  No debe pretender un físico de deportista olímpico. Bastaría con gimnasia moderada, comida sana y suficiente. Si puede mantener esto constante, la tarea estará cumplida. Olvídese del viejo cuento yanqui de que si no hay dolor no hay ganancia. 
Lo fundamental es “transformarse” que es algo muy diferente a “cambiar”. Cambiar es una forma diferente de hacer. Transformarse es una forma diferente de ser. Y la propuesta es proponerse objetivos con posibilidades de éxito real, diferentes y con sentido transformacional. Una lista que debería titular como “Mis Compromisos 2016” debiera considerar, por ejemplo lo siguiente: Disfrutaré las cosas simples de la vida. No perderé mi tiempo en cosas innecesarias, atenderé las que merecen mi tiempo y energía. Me dedicaré a mis pasiones.  Me rodearé de las personas que merecen estar en mi vida. Renunciaré a todo trabajo que odie. Trabajaré solo en lo que me haga feliz.  Tomaré mis propias decisiones. Seré capaz de dirigir mi vida. Confiaré en mí y confiaré en las decisiones que tome. Dejaré de aplazar todo por miedo a equivocarme.  Aprenderé a equivocarme lo suficiente para avanzar.  No le mentiré a otros ni a mí mismo. Entenderé que no hay más verdad que la realidad y que la realidad es la vida misma. Pasaré más tiempo con mi familia. Estaré más con los que amo y me aman, los que me entretienen, alegran y me enseñan. Nunca dejaré de prepararme. La mejor inversión que puedo hacer en la vida es en mi formación.  Viviré la vida con pasión. No me quedaré estancado, perseguiré nuevos retos, conoceré gente nueva. Seré feliz. Será mi sublime obsesión. La felicidad la encontraré en la meta y mucho más en el camino.  

Definitivamente un plan de acción con una propuesta transformadora capaz de removernos desde nuestro interior. Orientado al mejoramiento profundo, desprovisto de las tradicionales y equivocadas metas del mundo egoísta, materialista, exitista y fatuo actual. Un primer paso para la transformación sustancial y profunda de nuestro ser.  Digo yo. 

Ciudadanos bajo la lupa

Publicado en el diario El Longino de Iquique en marzo de 2015

                Casi todos los meses los medios publican resultados de diferentes encuestas que se hacen respecto de variadas temáticas y sectores. Especialmente con la proximidad de los procesos eleccionarios políticos,  se prevé que irán en aumento tanto en cantidad, tipo y frecuencia.
                Días pasados me sometí voluntariamente a una encuesta de la empresa Adimark. Querían conocer de mí y de otros tantos cientos que residentes iquiqueños, sus preferencias en cuanto a productos, servicios, marcas y hábitos como consumidor. 
                Este sometimiento voluntario lo quise hacer para conocer la calidad, tipo y propósito  del cuestionario. No me tomó más de 15 minutos (ya no se usan formularios como los del INE) sino una Tablet en donde la encuestadora solo hace un touch en el lugar correspondiente.
                El cuestionario es intenso y profundo, tanto que al término del proceso, uno tiene la sensación de que su intimidad ha sido traspasada. Y  voluntariamente. El inicio es suave, indoloro, pero con profundidad in crescendo.  Finalmente uno queda con la sensación de haber sido desvirgado.
                El inicio es con preguntas globales y fáciles de responder, pero luego se van poniendo un poco íntimas cuando le preguntan por ejemplo ¿Cuánto tiempo a la semana ve televisión. Qué tipo de película ve. A qué hora. Con quien se acompaña. Qué come. Qué bebe. Lo que come o bebe es preparado por Ud. mismo o lo pide a domicilio. Si es pizza, a qué empresa llama. Prefiere la tamaño pequeña, la grande, a la piedra, con queso o la vegetariana. Pagará con efectivo o con tarjeta. De qué Banco y que tipo de tarjeta (corriente, plus, dorada, platino). Cuánto suele dar de propina (si la cuenta es menos de 10 lucas o más de 30). Tiempo de espera desde el pedido hasta la recepción. Cuando su acompañante debe retirarse, la lleva en su auto, llama un taxi, lo hace por celular o red fija. Qué marca es su móvil, es con plan, de que tipo, etc., etc., etc.
                Con la respuesta a cualquier pregunta,  hasta las de apariencia ingenuas y sin mala intención, ingresas a una dimensión  desconocida en donde casi sin darte  cuenta te estrujan con una batería de preguntas relacionadas, hasta que confiesas incluso los aspectos más execrables de tu personalidad y sus manifestaciones en otras circunstancias inconfesable. Son aparentemente preguntas – trampas, preguntas caza bobos. Sin embargo, mi conclusión es que son muy bien pensadas, bien elaboradas y el propósito es muy preciso. Necesitan tus datos para luego,  poner en el mercado lo que necesitas de manera indispensable para hacerte feliz. 
Sí, hacerte más feliz, Eso es lo que busca el proceso completo. Poner a tu disposición y a precio razonable y justo, productos y servicios que te harán inmensamente happy…por un tiempo, pues si una nueva encuesta luego dice que los gustos y necesidades han cambiado, antes de que cante un gallo (alegoría del amanecer, o sea al día siguiente) ya habrá una nueva encuesta, con nuevas necesidades y nuevas ofertas.
                Los datos de la última encuesta Adimark de Tarapacá, son interesantes. Dice que el 72%  de los residentes se declaran felices.  Lo que más hacen en su tiempo libre es escuchar música, ver televisión y conversar por teléfono. El  34%  está estresado y el 29% realiza actividad física. Un 12% recicla la basura y finalmente un dato frick, que el equipo de fútbol con más  hinchas es la Universidad de Chile con un 31%.

                La encuesta pasó mi filtro. Espero que yo como encuestado,  haya estado a la altura de la consulta pues soy un caso atípico. No tomo, no fumo, ni tengo pensamientos impuros. Pero reconozco que  soy mentiroso y desmemoriado. Digo yo.

Tiempos de lógicas ideológicas

En las páginas de cualquier medio y lugar del planeta, leo, veo o escucho malas noticias  que ocurren en cualquier lugar. Concluyo que este mundo está loco, descarriado, desordenado, confuso y sin claridad hacia dónde va. Si es que va para algún lado. Concluyo también que lo que hace no tiene lógica. Entendiendo por tal el razonamiento para que ideas o hechos se manifiesten o se desarrollen de forma coherente y sin contradicciones entre ellas. Lo que es bueno es bueno y lo que es malo es malo. Es cosa de aplicar la lógica.
El siguiente relato  me parece muy ilustrativo por lo cual “lógicamente” lo comparto con mis lectores : “Un joven que había estudiado lógica, acudió a un rabino y solicitó ser instruido en Talmud. ¿Lógica? - preguntó el rabino, dudo que eso sea suficiente para estudiar Talmud, pero te tomaré una prueba. Supongamos que dos hombres bajan por una chimenea, uno sale con la cara limpia y el otro con la cara sucia ¿Cuál se lava la cara?
Eso es fácil, el de la cara sucia, respondió el estudiante.  Incorrecto, dijo el rabino. El de la cara limpia. Veamos: el de la cara sucia mira al de la cara limpia y piensa que su cara también está limpia. El de la cara limpia mira al de la cara sucia y piensa que su cara está sucia, así que él se lava la cara. No pensé en eso, admitió el joven. Dame otra oportunidad.
Volvamos a empezar. Dos hombres bajan por una chimenea, uno sale con la cara limpia y el otro con la cara sucia ¿Cuál se lava la cara?  Recién hemos respondido, aquel con la cara limpia, contestó el estudiante.
No. Ambos se lavan la cara, dijo el rabino. Aquel con la cara sucia mira al de la cara limpia y piensa que su cara está limpia también. Pero el de la cara limpia mira al de la sucia  y piensa que su cara también lo está, entonces se lava. Cuando el de la cara sucia ve que el de la cara limpia se lava,  él también se lava. Por lo tanto ambos lavan su cara. No me di cuenta de esa alternativa, expresó el joven. Dame otra oportunidad.
Está bien. Dos hombres bajan por una chimenea, uno sale con la cara limpia y el otro con la cara sucia ¿Cuál se lava la cara?  Preguntó el rabino. Ambos lavan su cara, respondió con énfasis el estudiante.
No. Ninguno de los dos, dijo el rabino. Aquel con la cara sucia mira al de la cara limpia y piensa que la suya también lo está. El de la cara limpia mira al de la cara sucia y piensa que su cara también está sucia. Pero cuando él ve que el hombre de la cara sucia no se lava, él tampoco se lava. Por lo tanto ninguno se lava.
Una última oportunidad por favor y le demostraré que puedo estudiar Talmud, pidió el joven.
Dos hombres bajan por una chimenea, uno sale con la cara limpia y el otro con la cara sucia ¿Cuál se lava la cara? Volvió a plantear el rabino. Ninguno, exclamó triunfalmente el estudiante.
¿Ves ahora por qué la lógica no es suficiente para estudiar Talmud? ¿Cómo va a ser posible que dos hombres que bajan por la misma chimenea, uno salga con la cara sucia y otra con la cara limpia?  La pregunta es tonta dijo el rabino. Y si intentas contestar preguntas tontas, tu respuesta será tonta. Te sugiero aprender algo más de lógica antes de estudiar el Talmud.
En este año de elecciones de alcaldes ojalá  a los chilenos no nos falle la lógica y menos la memoria. Digo yo.

lunes, julio 11, 2016

Chilenos chaquetas amarillas

Publicado en marzo de 2016
Puro Chile es tu cielo azulado y amarillas tus carreteras si todos los conductores de vehículos se tuvieran que bajar del auto en un mismo momento por alguna buena o mala razón. Sería como una gran mancha amarilla en las vía concesionadas de todo el país.
Sin duda que lo del chaleco reflectante ha resultado muy sui generis por decirlo de algún modo. No está claro si el motivo tuvo un propósito preventivo o fue  un acto distractivo del gobierno que no ha estado muy acertado en esto de legislar bien y a la primera.  
Lo cierto es que está pasando con la disposición sobre el uso del chaleco reflectante. Desde el 1 de enero de 2016  la norma es  obligatoria y establece que en todos los vehículos se deberá portar un chaleco especial, con el propósito de disminuir los accidentes de tránsito y atropellos de los conductores cuando descienden de los autos.
En principio la norma parece sensata, práctica y preventiva. Sin embargo si se analiza un poco más tanto la operatividad como su  eficacia, tiene fallas de aplicación.  Personalmente me he formulado un conjunto de preguntas que a mi entender la autoridad debe aclarar pues hay confusión. Formulo aquí algunas:
La obligación es portar el chaleco en el vehículo. Pero no en cualquier parte sino donde el conductor pueda tomarlo y desde esa posición supuestamente sentado y con el cinturón de seguridad puesto, “enchalecarse” antes de bajar. Si se baja sin el chaleco e intenta ponérselo fuera del auto es sancionado.
Lo traumático que puede ser esto de ponerse el chaleco, estando sentado, atado con el cinturón de seguridad, en un espacio relativamente pequeño y  sin considerar que pudiera estar además excedido en kilos, es complejo y sobre todo si debe bajarse rápido por una emergencia. Funcionaría, solo si  el conductor viajara ya enchalecado.
Por otro lado, aparentemente la obligación solo la tiene el conductor. Si el que se baja es el acompañante este lo puede hacer por la derecha y sin chaleco. Salvo que insista en bajarse por el lado del chofer, lo que sería raro. Pero lo puede hacer pero con el chaleco puesto lo que no deja de ser exótico. Puesta la indumentaria, puede salir por donde quiera. Incluso por una ventana.  
En emergencias,  cuando deben bajar rápidamente todos los pasajeros, estos salen por donde puedan. Pero se genera un problema con la norma en cuestión, el  último en hacerlo debe ser el conductor a causa de que debería primero soltarse el cinturón de seguridad, luego sacar de la bolsa el chaleco y  finalmente ponérselo.   
Si el propósito del chaleco es evitar atropellos de peatones en la carretera -y me imagino que por extensión en las calles en general-  lo lógico sería que siempre que haya peatones caminando por las vías, estos debieran andar con los chalecos amarillos puestos. Esto sería especialmente válido para las peregrinaciones religiosas (la Tirana, Lo Vásquez, Yumbel, etc.) donde transitan juntos muchos vehículos y miles de devotos y pecadores. Para estos casos debiera exigirse el uso de la casaquilla amarilla. Creo que no solo la fe puede salvar, sino que también los chalecos amarillos reflectantes. Algo similar para los partidos de fútbol de alta convocatoria. Tanto para el acceso como a la salida de los partidos, todos los que transiten por las calles, deberían usar el chaleco de marras. Para las celebraciones en la Plaza Italia en Santiago la misma cosa. Todos los que llegan allí y se van caminando, debieran usar el chaleco.  

Puede  haber excepciones. Y aplicarse el sentido común también, como cuando un conductor debe bajarse del vehículo para hacer un pipí urgente. No importaría  si lo hace con o sin chaleco. Digo yo.   

Chilenos chaquetas amarillas

Publicado en marzo de 2016
Puro Chile es tu cielo azulado y amarillas tus carreteras también, si todos los conductores de vehículos se tuvieran que bajar del auto en un mismo momento por alguna buena o mala razón. Sería como una gran mancha amarilla en las vía concesionadas o no de todo el país.
Sin duda que lo del chaleco reflectante ha resultado muy sui generis por decirlo de algún modo. No está claro si el motivo tuvo un propósito preventivo o fue  un acto distractivo del gobierno que no ha estado muy acertado en esto de legislar bien y a la primera.  
Lo cierto es que está pasando algo raro con la disposición sobre el uso del chaleco reflectante. Desde el 1 de enero de 2016  la norma es  obligatoria y establece que en todos los vehículos se deberá portar un chaleco especial, con el propósito de disminuir los accidentes de tránsito y atropellos de los conductores cuando descienden de los autos. Pero no es cualquier descenso ni cualquier pasajero.
En principio la norma parece sensata, práctica y preventiva. Sin embargo si se analiza un poco más tanto la operatividad como su  eficacia, tiene fallas de aplicación.  Personalmente me he formulado un conjunto de preguntas que a mi entender la autoridad debe aclarar pues hay confusión. Formulo aquí algunas:
La obligación es portar el chaleco en el vehículo. Pero no en cualquier parte sino donde el conductor pueda tomarlo y desde esa posición supuestamente sentado y obviamente con el cinturón de seguridad puesto, “enchalecarse” antes de bajar. No puede, mejor dicho no debe, bajarse sin el chaleco o intentar ponérselo fuera del auto, sería severamente sancionado.
Lo traumático que puede ser esto de ponerse el chaleco estando sentado, atrapado por el cinturón de seguridad, en un espacio relativamente pequeño y  sin considerar que el sujeto pudiera estar además excedido en kilos, es complejo. Y sobre todo si debe bajarse rápido por una emergencia. Esto funcionaría, solo si  el conductor viajara ya enchalecado. Ahí se apreciaría la eficacia. 
Por otro lado, la obligación solo la tiene el conductor. Si el que se baja es el acompañante este lo puede hacer por la derecha y sin chaleco. Salvo que insista en bajarse por el lado del chofer, lo que sería raro. Pero lo puede hacer, siempre que lo haga con el chaleco puesto lo que no deja de ser algo a lo menos exótico. Una vez colocada la indumentaria, puede salir por donde quiera. Incluso por una ventana si quiere.  
En realidad, durante una emergencia, cuando deben bajar rápidamente todos los pasajeros, estos salen por donde puedan. Pero se genera un problema con la norma en cuestión, el  último en hacerlo debe ser el conductor a causa de que debería primero soltarse el cinturón de seguridad, luego sacar de la bolsa el chaleco y  finalmente ponerse el chaleco amarillo pato radiante.    
Si el propósito del chaleco es evitar atropellos de peatones en la carretera -y me imagino que por extensión en las calles en general-  lo lógico sería que siempre que haya peatones caminando por las vías, estos debieran andar con los chalecos amarillos puestos. Esto sería especialmente válido para las peregrinaciones religiosas (la Tirana, Lo Vásquez, Yumbel, etc.) donde transitan juntos muchos vehículos y miles de devotos y pecadores. Para estos casos debiera exigirse el uso de la casaquilla amarilla. Creo que no solo la fe puede salvar al humano, sino que también los chalecos amarillos reflectantes. Algo similar para los partidos de fútbol de alta convocatoria. Tanto para el acceso a los estadios como a la salida de los partidos, todos los que transiten por las calles, deberían usar el chaleco de marras. Y para las celebraciones en la Plaza Italia en Santiago la misma cosa. Todos los que llegan allí y se vayan caminando, debieran usar el chaleco.  

Puede  haber excepciones. Y aplicarse el sentido común también, como cuando un conductor en plena carretera debe bajarse del vehículo para hacer un pipí urgente. No debiera importar  si lo hace con o sin chaleco. Digo yo.   

Mierda, mierda, mierda

Publicada en febrero de 2016
Pido disculpas por el uso tan descarado, expresivo y coprolálico del título de la columna, lo que a muchos podría molestar. No obstante, la comunidad estará de acuerdo conmigo en que en estos tiempos y circunstancias, toda nuestra tradicional cultura (recuerdo aquí que fuimos llamados los ingleses de Sudamérica, no porque habláramos el idioma de Shakespeare, sino por ser educaditos, ordenados, socialmente correctos, organizados, bien hablados y hasta cultos) pero eso ya fue hace bastantes años. Quedó en el pasado y en el olvido.
En la actualidad, la cosa es diametralmente opuesta y en particular en el idioma hablado, aun cuando el escrito va por las mismas.  Hoy, casi todo está permitido en el mundo de la comunicación humana hablada. El “sin censura” ya es un hábito comunicacional y hasta en circunstancias formales, el público, los asistentes, la audiencia pide -casi exige- salirse del protocolo y empezar a hablar indecorosamente.
Yo no peco de cartucho y me considero adaptado al mundo moderno y sus formas de manifestarse, por lo cual he aceptado que el garabato se tomó los escenarios. La televisión ha ayudado mucho a su difusión y aquella triple misión bautismal que tuvo cuanto se creó, me parece hoy tan ingenua que da hasta risa recordarla: “informar, educar y entretener”.  
No obstante este lenguaje sin censura, tenía una cara con dos chapas. Había también –lo que me parecía bastante sospechoso- mucha gente que no decía ni poto. Había sin duda una doble chapa por lo que no se mostraba al chileno tal cual era. Si alguien se daba un martillazo en un dedo lo esperable es que expresara el inevitable ¡chucha!  Por ello, hoy a lo menos nos hemos sincerado.  Concluyo entonces que el garabato ya es un asunto transversal, público, sin distinción de género, multicultural, viral, aceptado y hasta divertido según el contexto.   
Puntualmente respecto de “las mierdas del título”, las quiero sugerir como una necesaria y buena expresión para iniciar este año que según el calendario chino está regido desde el domingo pasado por el Mono. El propósito es, según lo explicaré, que nos vaya bien y no como la Mona.
La idea es repetir el mierda, mierda, mierda, como un mantra. La historia cuenta que antiguamente en París, sólo podían permitirse ir al teatro las personas de la clase aristocrática pudiente, que lo hacían en coches tirados por caballos. Entonces, si en la puerta del teatro había gran cantidad de "mierda", significaba que el teatro estaría lleno, lo que era sinónimo de mucho éxito.  Por eso la gente del espectáculo, especialmente cuando se hace la presentación de estreno, los actores suelen decir antes del inicio, este especial mantra.  Es como una cábala para que todo salga bien. Hay algunas derivadas como darse algunos agarrones de poto también. Todo por cierto, con el propósito de tener suerte con lo que viene. Es una cábala para la buena suerte.
Por eso, quiero hacer una proposición a la ciudadanía, a los chilenos de todo el territorio nacional (incluyendo los extranjeros residentes), que para un momento preciso de un día de esta semana – sugiero el viernes a las 24 horas, repetir al unísono, mierda, mierda, mierda. La idea es que este año nos vaya muy, pero muy bien.  Porque, para que lo vamos a negar, el 2015 es y será por mucho tiempo, un año para olvidar. Nunca en tan poco tiempo se habían cometido tantos desaciertos gubernamentales. Algo inexplicable para un mandato que se cumple en su segunda versión. Estoy por creer aquello de que segundas partes nunca son buenas.
Por eso, los presidenciables Piñera y Lagos debieran pensarlo dos veces antes de tirarse el salto. Podría ser un salto al vacío. Riesgoso, difícil y con altas posibilidades de irse a la mierda. Digo yo.      


jueves, junio 23, 2016

Tiempos de lógicas ideológicas

Publicado en enero de 2016

En las páginas de cualquier medio y lugar del planeta, leo, veo o escucho malas noticias  que ocurren en cualquier lugar. Concluyo que este mundo está loco, descarriado, desordenado, confuso y sin claridad hacia dónde va. Si es que va para algún lado. Concluyo también que lo que hace no tiene lógica. Entendiendo por tal el razonamiento para que ideas o hechos se manifiesten o se desarrollen de forma coherente y sin contradicciones entre ellas. Lo que es bueno es bueno y lo que es malo es malo. Es cosa de aplicar la lógica.
El siguiente relato  me parece muy ilustrativo por lo cual “lógicamente” lo comparto con mis lectores : “Un joven que había estudiado lógica, acudió a un rabino y solicitó ser instruido en Talmud. ¿Lógica? - preguntó el rabino, dudo que eso sea suficiente para estudiar Talmud, pero te tomaré una prueba. Supongamos que dos hombres bajan por una chimenea, uno sale con la cara limpia y el otro con la cara sucia ¿Cuál se lava la cara?
Eso es fácil, el de la cara sucia, respondió el estudiante.  Incorrecto, dijo el rabino. El de la cara limpia. Veamos: el de la cara sucia mira al de la cara limpia y piensa que su cara también está limpia. El de la cara limpia mira al de la cara sucia y piensa que su cara está sucia, así que él se lava la cara. No pensé en eso, admitió el joven. Dame otra oportunidad.
Volvamos a empezar. Dos hombres bajan por una chimenea, uno sale con la cara limpia y el otro con la cara sucia ¿Cuál se lava la cara?  Recién hemos respondido, aquel con la cara limpia, contestó el estudiante.
No. Ambos se lavan la cara, dijo el rabino. Aquel con la cara sucia mira al de la cara limpia y piensa que su cara está limpia también. Pero el de la cara limpia mira al de la sucia  y piensa que su cara también lo está, entonces se lava. Cuando el de la cara sucia ve que el de la cara limpia se lava,  él también se lava. Por lo tanto ambos lavan su cara. No me di cuenta de esa alternativa, expresó el joven. Dame otra oportunidad.
Está bien. Dos hombres bajan por una chimenea, uno sale con la cara limpia y el otro con la cara sucia ¿Cuál se lava la cara?  Preguntó el rabino. Ambos lavan su cara, respondió con énfasis el estudiante.
No. Ninguno de los dos, dijo el rabino. Aquel con la cara sucia mira al de la cara limpia y piensa que la suya también lo está. El de la cara limpia mira al de la cara sucia y piensa que su cara también está sucia. Pero cuando él ve que el hombre de la cara sucia no se lava, él tampoco se lava. Por lo tanto ninguno se lava.
Una última oportunidad por favor y le demostraré que puedo estudiar Talmud, pidió el joven.
Dos hombres bajan por una chimenea, uno sale con la cara limpia y el otro con la cara sucia ¿Cuál se lava la cara? Volvió a plantear el rabino. Ninguno, exclamó triunfalmente el estudiante.
¿Ves ahora por qué la lógica no es suficiente para estudiar Talmud? ¿Cómo va a ser posible que dos hombres que bajan por la misma chimenea, uno salga con la cara sucia y otra con la cara limpia?  La pregunta es tonta dijo el rabino. Y si intentas contestar preguntas tontas, tu respuesta será tonta. Te sugiero aprender algo más de lógica antes de estudiar el Talmud.
En este año de elecciones de alcaldes ojalá  a los chilenos no nos falle la lógica y menos la memoria. Digo yo.


Y todo de nuevo

Publicado en noviembre de 2015
         Ya se sienten los primeros síntomas y se escuchan  las expresiones típicas de un proceso electoral  en vías de desarrollo. Hay señales evidentes, mensajes subliminales y de los otros, por lo que se estima que las campañas para las próximas elecciones de alcaldes  y parlamentarios  se nos vendrán encima definitivamente tan pronto termine el año.  
Lo que ocurre en esto días es un fenómeno archi conocido. Hasta tiene olor. Olor a campaña,  a candidatos y candidaturas.  Están apareciendo las típicas discrepancias, las diferenciaciones, las primarias pinturas de guerra. La guerra entre socios. No hay acuerdo en el balance. Hay atisbos ya de futuras controversias, discrepancias y divorcios. Declaraciones por todos lados, fijaciones de posiciones, diferenciaciones, cálculos ingenieriles y uso abusivo de las matemáticas. Ya sacaron las calculadoras y están decidiendo si sumar, restar, dividir o multiplicar.
Pero no es por cierto que sea un asunto meramente de las  Matemáticas, hay una mezcla con otras ciencias que deben respetarse. Yo identifico varias y pienso en aquellas propias del pensamiento clásico de la democracia de los griegos hasta las propuestas más modernas de los gurús famosos de hoy  que son necesarias.
De la ciencia de la Ingeniería, creo que lo más necesario es saber mucho cálculo. Aparentemente un cálculo científico pero que en realidad al final lo que hacen los políticos criollos en transformarlo en una encerrona de varios  días,  hasta “parir” una plantilla de candidatos.  Dejando para luego, el diseño del programa, el contenido, las ideas.  O sea las realizaciones. Ese termina siendo un detalle menor.  
Y aquí es donde está el gran problema,  pues tras lo que ha pasado en los últimos tiempos (no se por cuánto tiempo poner las manecillas del reloj en reversa) lo concreto es que ya no es un problema de ideas y proyectos, el asunto ahora es de nombres, de personas con las cuales salir a vender un proyecto (que ya habrá tiempo para construirlo).
Y aquí aparece el primer gran problema. Por todos lados los nombres están objetados o podrían objetarse, pues lo que ha pasado en los últimos 10 años o más, no está prescrito ni menos olvidado por los sufridos ciudadanos. Me incluyo en el sufrimiento.
Armar los equipos al igual que los de fútbol, no va a ser fácil, considerando que tantos potenciales seleccionados tienen  tarjetas amarillas, licencias médicas de larga data, están en cuarentena esperando la evolución de sus dolencias, requieren o han solicitado exámenes nuevos, han pedido salidas alternativas con otros remedios, en fin,  aprovechando todas la opciones posibles. Pero lo concreto es que aún no se sabe quienes finalmente están en la planilla. Pero no obstante,  a la ciudadanía, a los fans,  este asunto no les inquieta para nada. La ciudadanía no está ni ahí con los próximos encuentros políticos, que más parecen desencuentros.
De no mediar algo muy especial, cada vez me convenzo más que los ciudadanos no quieren ir al Estadio Nacional (uno de los tantos lugares de votación) porque se sienten que los políticos los han defraudado, los han engañado y que puede ser esta la oportunidad de su venganza.
Personalmente creo que hay que participar en todos los procesos eleccionarios porque somos un país al que nos gusta la democracia. Pero por favor,  lo único que les pedimos a los políticos, seriedad, responsabilidad y transparencia.  Que se dejen de hace cálculos y que ahora utilicen bien aquello que está sobre sus hombros y que les sirve para todo,  incluso para pensar. Y por favor también les pedimos como ciudadanos informados, que no crean que somos un grupo de ingenuos. Por decir lo menos. Y si no quieren escuchar o no entienden este clamor, den un paso al lado y quédense en sus casas un tiempo. Digo yo.

Un negocio llamado fútbol

Publicado en noviembre de 2015

Después de la seguidilla de escándalos de todo tipo que han ocurridos en Chile en los últimos años,  que se han enfatizado, que son más recurrentes, sorprendentes, diversos y con génesis en muchos sectores,  podríamos concluir que a pesar de todo, seguimos siendo una sociedad estructurada y ordenadita.
En efecto, existen sectores o mundos con sus características  y particularidades propias. Así por ejemplo se pude identificar a la clase gobernante, la clase política,  empresarial, el mundo obrero, el estudiantil, el de las minorías, el del fútbol, etc.
Y me detengo acá, en esto del mundo del fútbol. Y explicar que en este hay mundos más pequeños.  Especies de sub mundos o mundillos, en áreas especializadas y específicas. Se pueden identificar el mundo de los dirigentes, de los entrenadores y sus cuerpos técnicos, de los árbitros, de los socios, de las barras.
Y en el mundo mayor, en un rango de tipo planetario,  está la inefable FIFA, la gran madre o mundo mayor (casi universal) que  chorrea hacia los mundos más pequeños, sus satélites. Y lo que chorrea, produce o succiona como hoyo negro del universo,  no solo el dinero sino que  influencia, presiones, decisiones o malas prácticas, que pueden ser,  desde nominar los principales cargos, hasta determinar cómo se elige, nomina o decide la contratación del aguatero, del aseador de camarines, o la marca del pito que se usará en los partidos de segunda división. Todo,  pero absolutamente todo,  es parte de un plan “macabro” elaborado desde los Alpes suizos. Por el  Zar del fútbol.   
Lo que deseo precisar acá, es que se trata de una potencia universal que entre otras cosas cosas, mueve mucho más dinero que el PIB de varios países del mundo juntos. Y como se sabe, el que pone la plata pone la música. Así es que hay que bailar con la música que un grupo de “expertos” (no diría en asuntos de fútbol, sino en negocios a escala mundial). Y aquí viene la primera gran aclaración: El fútbol dejó hace años en ser un deporte, es un negocio. El core business es financiero. La práctica del fútbol es un ítem, casi la excusa. El verdadero negocio son las transmisiones, la  publicidad, el  merchandising, nominación de sedes,  apuestas, transferencias de jugadores (los corte de cola) , etc.     
Eso explica por qué se desee tener cualquier cargo en esta supra institución que dirige Blater, un semi Dios que tiene mucho más poder e influencia que el presidente de una nación. Esto es también parte de este extraño mundo, donde las cosas son   ambiguas,  raras, inexplicables, poco transparentes. Y lo único que se puede asegurar es que el objetivo de fondo (no sea ingenuo y vaya a creer que es el desarrollo del deporte) la razón de ser es “el negocio del fútbol”.
Y nosotros, que ahora hemos crecido en el fútbol (pareciera solo en su variante deportiva) gracias a la calidad de un puñado de jugadores que ha logrado niveles mucho mayores al estándar histórico, que se  codean con la elite deportiva mundial, gracias a su esfuerzo y  bajo la conducción de entrenadores como Borgi, Bielsa y Sampaoli, que les empaparon mentalidad ganadora y profesional, estamos, como selección, ahora bien rankeados.
Sin embargo, cuando me entero de los escandalillos del pelao Jaddue, me bajan los tiritones de pera. No vaya a ser que  más de alguien empiece a especular con que la Copa América fue arreglada. Que hubo platas negras por debajo de la mesa. Desde la nominación de la sede, hasta los árbitros de nuestros partidos.  

Ahora por causa del Pelao Jaddue todo está bajo sospecha. Mientras  él se pasea fresco y deportivo por Miami. Coincido con aquello de:  “no hay chico que no sea rosquero, guatón que no sea lacho, ni pelao que no sea fresco”. Digo yo.   

París bien vale una misa

Publicado en noviembre de 2015

París bien vale una misa,  es un tema de la cultura y la historia, que se origina probablemente en una frase apócrifa, atribuida a Enrique de Borbón o de Navarra, el pretendiente protestante al reino de Francia, que eligió convertirse al catolicismo para poder reinar . Pareciera que desde esos años esta frase viene utilizándose con el sentido de la conveniencia de establecer prioridades. Implica renunciar a algo, aunque sea aparentemente muy valioso, para obtener lo que realmente se desea. También en el sentido de atenuar la falta de sinceridad o de convicciones, o de representar la tolerancia o la indiferencia, especialmente en cuestiones religiosas.
La historia nos cuenta que en las Guerras de Religión de Francia, los bandos protestante y católico se habían estado enfrentando durante largos años. Distintas soluciones pacíficas al conflicto venían proponiéndose por intelectuales moderados de ambos bandos, pero en estos asuntos de fe, de convicciones religiosas, es muy difícil poner de acuerdo a las partes. Es un tipo de conflicto que traspasa toda posibilidad de entendimiento basado en la  razón.
El viernes cerca de media noche, las luces de París,  la conocida mundialmente como La Ciudad de las Luces,  fueron simbólicamente apagadas a causa de un conjunto de actos terroristas, provocados por  personas que lo hacen porque tienen un pensamiento diferente a otros.
Un acto insano en donde no se advierte ni el más mínimo atisbo de tolerancia, un valor fundamental para la sana convivencia humana civilizada. “Si no piensas como yo, si no crees en lo que yo creo, entonces eres mi enemigo”. Esa pareciera ser la frase- pensamiento de quienes intentan hegemónicamente imponer una sensibilidad o  pensamiento determinado. A veces me parece verlo también en nuestro escenario político nacional cuando se discuten leyes que reforman aspectos fundamentales para el mejoramiento de la sociedad actual.  Allí cuando emergen las ideas de principios ideológicos  tan faltos de respeto por la sociedad y el pensamiento libre.
Vuelvo a lo de París,   ciudad luz, a la  que solo conocí desde las alturas y  su aeropuerto Orly, pero para mí la capital de un país bastante conocido por mi afición a la pintura clásica de los  maestros franceses, los libros de escritores  consagrados, las referencias sobre su magnífica cocina, sus vinos, sus quesos y particularmente su Himno Nacional, que me aprendí en el colegio, en aquellos años en que el idioma francés,  al igual que el inglés era obligatorio en los programas escolares. El viernes por la noche escuché a los miles de franceses que salían del Estadio de París, tras los bombazos, cantando con el alma estremecida la emotiva  Marsellesa. Un verdadero acto de fortaleza y señal de que jamás se dejarán abatir por el terrorismo.
“París bien vale una misa”, una frase que debe contextualizarse  durante las llamadas guerras de Religión que enfrentaron a protestantes  y católicos en Francia por casi 50 años. Fue necesaria  la promulgación  del Edicto de Nantes, un mandato que garantizaba la libertad de cultos a los hugonotes (protestantes)  a la vez que establecía una base jurídica firme para la coexistencia pacífica de las dos corrientes religiosas proliferantes en Francia.

Lo ocurrido hace solo dos días, no es una guerra del tipo que debió enfrentar el Rey de Francia de aquellos años, la de hoy es de otra naturaleza. Y no se trata solo de aceptar,  pensar o profesar una religión diferente, el asunto es que uno de esos pensamientos y creencias, se considera lo único verdadero. No puedo ni imaginarme cómo sería este mundo, si todos pensáramos igual. Creo que no podría existir la sociedad humana.   

El papel del hombre en la sociedad

Publicado en noviembre de 2015
Desconozco la fecha - del Chile pobre de antaño- desde cuándo se habría empezado a usar el papel higiénico o “confort”, dejándose de lado otras formas de limpiarse  el trasero tras el proceso digestivo de los humanos. Según averigüé, el papel de diario cortado en tamaños de 15 x 15 centímetros  fue el elemento que sirvió a tal objetivo a muchas generaciones. Esto ocurría hasta en las mejores familias, claro que en las casas de los más pudientes estos  compraban en las mercerías y almacenes de barrio, papeles suaves y absorbentes y los cortaban del tamaño deseado según  gusto, necesidades o funcionalidad. Mi padre me contaba que en sus años de niñez y juventud,  los suaves papeles con que envolvían cada manzana las empresas de la Asproman  (Asociación de Productores de Manzanas) eran los que la gente más se los disputaba. Eran los tiempos del Chile pobre y subdesarrollado.
Pero eso es pasado. Ahora hay mucha oferta, marcas y calidades para satisfacer el mercado ávido de limpiarse el trasero, las manos, sonarse, desmaquillarse  o lo que sea.  Y para satisfacer esas necesidades hay una oferta fabulosa y variada, con muchos proveedores que compiten para ofrecernos la mejor relación precio, calidad y surtido.
Pero no es así. Eso era lo que creíamos, porque la semana pasada Chile vivió un papelón con este asunto, al descubrirse la colusión de las empresas que fabrican y distribuyen el llamado  papel  toilette, o tisú.  Este grupo, formó una suerte de  Cartel (término con el que se identifica a una organización ilícita o a un conjunto de organizaciones que establecen acuerdos de diferente naturaleza  para llevar a cabo actividades irregulares).
Este sucio negocio del papel higiénico en vez de ayudarnos a “sacarnos la mierda” entre otros usos, nos estuvo literalmente cagando a los chilenos por diez años.  Se unieron las empresas fabricantes y decidieron no competir entre ellas, porque eso era malo para el negocio y desataba una insana guerra de precios, alteraba los inventarios  y generaba riesgos de pérdidas. A causa de esas razones técnicas, decidieron  joder al stakeholder más débil: el consumidor. O sea a todos nosotros los chilenos y extranjeros residentes de Arica a Magallanes, incluidos los de los territorios insulares y de las bases en la Antártica.
Durante diez años el Cartel del Confort (no sé por qué  me recuerda  la película El Padrino)  mantuvo altos precios en todos sus productos: papel higiénico, toallas, pañuelos desechables, servilletas, entre otros productos “tisu”. Los perjuicios económicos a los consumidores son cuantiosos. Se calcula que cada empresa del Cartel habría generado utilidades sobre normales de US$ 23 millones anuales.
Mencionaba la película El Padrino, porque los métodos usados por el grupito se parecen bastante a lo narrado en ese film. Según se informó, las empresas coludidas en  pos de mantener y aumentar las utilidades y evitar que el papel higiénico fuese más barato, mantenían los precios y utilidades estables, ojalá en aumento. El propósito era que el acuerdo perdurara en el tiempo y no fuera detectado por las autoridades.

Igual que en la película, tenían práctica “especiales”. Usaban un cuartel de bomberos para sus reuniones donde participaban gerentes estratégicos para implementar los acuerdos. Contaban con planillas Excel con datos de precios y producción provistos por las empresas  que actualizaban cada dos meses. Si había desviaciones o señales de que el acuerdo no se estaba respetando, las partes se contactaban por teléfono o  correos electrónicos exclusivos. Con la denuncia de colusión de las Farmacias, decidieron utilizar solo celulares de prepago desechables.  También hay información sobre el lanzamiento de tres computadores al Canal San Carlos. Todo esto bien parece un guión del mismísimo Mario Puzo.  No hay salud, digo yo.   

Un condumio a la Carta

Publicado en noviembre de  2015  
La  Carta Fundamental de Chile, nombre con el cual  también se le conoce a la Constitución Política de la República,  aparentemente está tan vapuleada, censurada e invalidada que  finalmente se considera  “inadecuada” para los tiempos actuales y sobre todo para los venideros. Consecuencia de ello y cumpliendo al pie de la letra parte de su propuesta electoral, la Presidenta empapada además de esa suerte de karma  ideológico del conglomerado que le secunda, cual es querer cambiar absolutamente todo, informó a los habitantes ciudadanos del país, que la Carta Magna nacional,  entraría a un proceso de enchulamiento mayor.
No sé a pito de qué este proceso lo encuentro parecido al famoso y exitoso programa mundial Master Chef. Así el proceso que propone la primera mandataria o sea la Master Chief  intenta que un conjunto de calificados participantes desarrollen una muy sabrosa Carta que satisfaga los exigentes paladares de los chilenos y que sepamos cómo va a estar la cosa en el futuro.
Por eso es interesante analizar este proceso creativo que desde ya creo que tendrá un desarrollo “muy sabroso”. Sin duda que se verán afectadas muchas sensibilidades, gustos, sabores, aromas, paladares, aromas, gustos y preferencias, porque a los ciudadanos nos gustan diferentes condumios, algunos con recetas de raigambre hispana y nacionalista, también la variada y amplia carta de la oferta internacional y sin que falte desde luego nuestra  cocina vernacular con olor y aroma de las tierras mapuches.
A partir de la fechas fijadas por la Master Chief,  los chilenos deberemos ponernos los delantales, afilar los cuchillos (para fines culinarios por cierto) y concordar –civilizadamente- qué queremos poner en la Carta. Desde los aperitivos hasta los postres. Para ello, la jefa del programa, ya marcó los tiempos para que se haga la propuesta.  
No será fácil poner de acuerdo a los chilenos sobre una nueva Carta. Pero hay algunos requisitos básicos. Debiera ser: Nutritiva (con las proteínas  y nutrientes suficientes para que los hijos de la  Patria futura  crezcan sanos y fuertes).  De buen sabor ( que los platos del menú a nadie le deje la boca amarga). Variada (que estén en el menú lo que los comensales necesitan, les gusta y  satisface. Comida tanto para los “guardianes de la parrilla“ como para  veganos.  Eficaz (que logre los resultados esperados por todos). Equilibrada (que niños y ancianos, pobres y ricos, hombres y mujeres, nortinos y sureños, de los Andes o del Pacífico, huincas y mapuches, encuentren en esa Carta lo que necesitan para seguir vivos).  Sana, que nadie se enferme  ni menos que muera). En fin, una Carta con una propuesta que deje felices a todos y que podamos sentarnos a la mesa cada día, mirarnos a la cara y disfrutarlo.     
Lo importante en esta nueva  Carta, a la construcción que nos invita la Chef Michelle,  es que la elaboren profesionales de la alta cocina (los que saben) y no “expertos” de la cocina callejera. Esta vez que participen profesionales de la cocina.
Si no hay garantías de que los chefs que participen en esta versión de la nueva Carta, sean capaces de hacer algo bueno, bonito y barato  y que por cierto funcione y guste a los chilenos, no me cabe duda que podemos pasar a los postres y al bajativo en los plazos indicados.
Pero vale hacer una pregunta trascendental ¿Será realmente necesaria una Carta nueva?  No será solo un problema de presentación. La comida primero entra por la vista.

Finalmente me pregunto ¿para qué tanto atado y no hacer los cambios al estilo del past president  Lagos? Recuerdo clarito que él dijo que su carta del 2005, le había quedado buena y totalmente democrática. Salvo que ahora esté tirando para la cola. Digo yo.

El síndrome de l urna vacía


Publicado en agosto de 2015

Faltan poco más de 14 semanas para que nos vaya este especial año  2015. Entre terremotos, aluviones, erupciones volcánicas, reformas estructurales duras, peleadas y eventos corruptos del lado que nos pidan,  los chilenos hemos estado bastante asustados, ajetreados, sorprendidos y molestos. Salvo el veranito de San Juan de la Copa América, el resto, como decía uno de los jurados del Mater Chef chileno “una miegda” de año.
Afortunadamente lo que queda de este especial 2015, creo que se nos pasará en un abrir y cerrar de ojos. Con la primavera en régimen ya empezaremos a concentrarnos en otros temas. El comercio nos  recuerda  Halloween, luego empezará in crescendo  la publicidad de la Teletón que nos invadirá con su mensaje comercial y de sensibilización, luego la Navidad y el Año Nuevo y entremedio,  los partidos de eliminatorias para el próximo mundial de fútbol en Rusia. Consecuentemente, ya a lo menos en nuestras mentes, podríamos dar por cerrado este 2015 tan especial. 
Y con el 2016  vendrán las vacaciones, el Festival de Viña, el inicio del año escolar, el pago de las patentes, los impuestos, en fin,  lo de siempre. Pero el año próximo tiene una especial connotación a causa de las elecciones de los alcaldes. Primero,  ver si va a funcionar esto de las “primarias”.   
Y este es uno de los puntos de mi preocupación, ya que después de la escandalera de este año 2015, que ha sido el del destape de la corrupción a causa de la nefasta relación entre el dinero y los negocios, con personeros involucrados de todos lados y colores políticos, la oferta del 2016, seguramente debiera ser con caras nuevas. El drama es que en rigor no habría mucho donde elegir, salvo que fueran los de siempre. Sin embargo muchos de estos, después de 2015 en que se fueron a negro (por las platas negras) su retorno es inviable. Han quedado en estado de pecado. En todas las aristas conocidas: Caval, SQM, Penta,  etc., etc., que abarca todo el espectro político e institucional de la República, hay involucrados personeros públicos, otrora potenciales candidatos a algo.  
Aún cuando pudieran aparecer candidatos “vírgenes”,  sanitos, no pecadores, ni contaminados (buscando bien es posible encontrarlos) el problema podría persistir  ya que anticipo lo que llamaría  “el síndrome de la urna vacía”. Es decir cuando  la ciudadanía sencillamente se queda en la casa ese día, por ejemplo, viendo el recuento de Sábados Gigantes.   Si además en Palacio se incuba la idea de otro síndrome, en este caso el del “pato cojo”, el capital político recogido no serviría mucho para apuntalar a los candidatos a alcaldes, diputados, senadores e incluso el próximo presidente.  
Como un conjunto no menor de políticos tiene sus papeles de antecedentes con observaciones, están en estado de pecado. Para ellos, pensar en una reelección es una ingenuidad. Por eso creo y temo, que para futuros comicios electorales muchos vayan a preferir a Don Francisco. Me preocupa que comience a incubarse un sentido no republicano de hacerle una verónica a las urnas. Si esto prosperara, estaríamos en un serio problema con nuestra estructura institucional y democrática. Creo que los honorables en estado de pecado debieran renunciar luego, ahora ya,  y no continuar en la  vida pública para darle tiraje a la chimenea. Para buscar a los mejores prospectos. Esto daría tiempo para preparar los relevos, barajar el naipe, sacar las cartas marcadas e iniciar un nuevo juego. Que ojalá no sea el simpático pero poco higiénico y a la vez coprolálico Poto Sucio. Digo yo.    

  
Errare humanum est
Publicado en Agosto de 2015

Errare humanum est,  expresión en latín que significa literalmente: "Errar es humano". Equivocarse se considera intrínseco a la naturaleza humana, por lo que hay que aceptar los errores y aprender de ellos para evitar que se repitan.
Cito esta expresión porque desde el día miércoles recién pasado un  prestigiado programa de televisión internacional, dio a conocer al mundo un error morrocotudo cometido en Chile con la instalación de su primer puente levadizo. Este “horror de cálculo” como se tituló, nos dejó como chaleco de mono, en circunstancias que los ingenieros y calculistas chilenos tenemos fama por su profesionalismo. De eso dan testimonio las edificaciones que soportan regularmente terremotos de clase mundial, sobre los 8.0 ° Reichter.
La verdad es que no fue error de cálculo ni responsabilidad de los chilenos. La empresa a cargo de la instalación es española y  el puente había sido construido en el extranjero.  Consecuentemente no era un asunto relacionado con construcción sino con instalación.
Si fuera comparable con algo, yo diría que lo que pasó fue una suerte de “cuchufleta”, eso que ocurre en el juego del dominó, cuando alguien coloca una pieza que no corresponde o en la forma correcta.
Aparentemente en el asunto del puente Cau Cau de Valdivia, alguien cometió una indebida cuchufleta y puso la ficha equivocada.  Siendo así no se trata de error de cálculo ingenieril sino “descuido, volada o distracción”. Descarto la mala fe.
Ahora que se advirtió la cuchufleta, no sé cómo podrá seguir el juego. De partida,  a la empresa española a cargo le cortaron el oxígeno y dejará de ser de la partida, valga la analogía. Ya antes había habido una pista a la que ahora se le da cierta importancia. Hubo un topógrafo que trabajó en la obra, que falsificó sus credenciales profesionales, además de que era corto de vista y disléxico.  
La cuchufleta se materializó en enero del 2014, cuando los tableros basculares fueron son puestos erróneamente. Uno de los brazos de puente levadizo se había montado al revés. Nadie aparentemente “con altura de miras”, miró desde arriba como encajaba la pieza. Habría bastado una mirada desde un helicóptero para darse cuenta que la pieza que correspondía poner después del Seis Cinco era Cinco y algo y no el Cuatro Tres, por ejemplo.
Si bien el programa Discovery intentó sugerir primero una falla ingenieril, finalmente se aclara que fue “una torpeza humana”. El error u “horror”   no fue de cálculo, sino de instalación (no leyeron bien el manual) y a la vez se aclara que la empresa a cargo no era chilena sino española. Por cierto que los supervisores  ingenieros y técnicos del MOP eran chilenos y ese serpa otro cuento con final abierto. Noticia en desarrollo como se dice en periodismo.
Y los errores no solo de cálculo, sino también de olfato ocurre también en política. Es lo que le aconteció al gobierno  con el nombramiento del nuevo Contralor de la República.  Se le produjo el efecto Cau Cau pero al revés. La ieza era la correcta pero el cálculo estuvo malo. El Senado rechazó la propuesta. Le faltó un solo voto para lograr pasar el puente. Falló la ingeniería política.
Con la propuesta del Fiscal Nacional el gobierno corrigió sus cálculos, revisó bien fórmulas y algoritmos y le resultó. Fue un éxito de la ingeniería política.

En general,  en política hay tres cálculos que siempre fallan: tiempo, plata y votos. El puente Cau Cau es el ejemplo viviente,    debió inaugurarse en marzo 2014. Costar unos 15 mil millones de pesos (ya está excedido en 17 mil millones).  Y ganarse los votos electorales en un escenario de casi 400.000 habitantes de la región. Esto último a lo mejor ocurre ya que errar es humano pero perdonar es divino. Digo yo.