Democracia
a toda costa
diciembre 2013
Según un estudio que publicó hace algún tiempo el
diario The Economist, Chile cayó mucho en el ranking de reconocimiento como país democrático. Esto
se conoce como “el descontento del progreso”. Una especie de movimiento de
indignados pero dentro de un país de buen pasar.
Esta situación es preocupante y quisiera que la
comunidad también lo advirtiera. Me agradaría poder crear conciencia colectiva
y ojalá con suficiente fuerza, hasta como para organizar una marcha. Como hoy se ve a diario que se marcha por tantas
razones, creo que cuidar la democracia es una muy buena causa. Cómo no vamos a
ser capaces de manifestarnos públicamente por algo tan necesario como este
valor, definido básicamente como un
derecho de los ciudadanos de un país libre a expresarse sin restricciones, elegir a sus autoridades, decidir la religión
o creencia que le parezca, vivir o desplazarse libremente por todo el
territorio, iniciar cualquier
emprendimiento de su ocurrencia, desarrollar cualquier profesión lícita, estar protegido por los sistemas públicos, etc.
Larga sería la lista de las ventajas de un sistema democrático.
Y hoy me parece que hay mucha más conciencia de la
democracia. Sin embargo me parece también
que es a un nivel más académico, más filosófico o más electoral (aunque solo un
tercio de los ciudadanos con derecho a votar lo hizo la última vez). Si ya tuvimos un quiebre a la democracia cuya recuperación
tomó casi 20 años, no es para nada despreciable
poner más atención a las motivaciones extremas de justicia social, defensa de
derechos en su máxima expansión de buscar todo lo que el “pueblo” quiere y
reclama, participación directa en las decisiones, justicia de verdad,
libertades con alcance pleno, trato igualitario, educación para todos y ojalá en
el modo: “papá Fisco pay”.
Lo que me preocupa como ciudadano político (en el
sentido griego) es si hay garantías. No puedo olvidar el famoso “estatuto de
garantías “que firmó el candidato Salvador Allende el año 70 para asegurarle al Congreso que
no haría cosas indebidas (política y republicanamente hablando). El resto es historia, don Chicho usó la
estrategia del alcalde de la Pérgola de las Flores. A todos les decía que sí, pero al final “hacía lo que le convenía más.”
Espero que excesos democráticos no ocurran en un
eventual gobierno de la Michelle a causa de tantos temas súper discutibles del programa
elaborado por la nueva concertación que la apoya. Me preocupa el momento de la
verdad de un gobierno que ofrece hacer tantos
y tan profundos cambios en tan poco tiempo. La recomendación y la experiencia
política indica que en democracia los cambios deben ser los adecuados, seguros
y necesarios. Si el cambio es brusco, innecesario y acelerado, el riesgo es alto y puede generar incidentes y
accidentes, especialmente si se gira siempre o mucho hacia la izquierda. Yo le
recomendaría a la eventual candidata, usar
la misma estrategia del alcalde. Me refiero al de La Pérgola de las Flores
desde luego. Digo yo.
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