sábado, abril 27, 2019

Macho Alfa amenazado 

Hace poco escribí para una revista el artículo donde expuse lo que observaba desde hacía tiempo y en diversos escenarios. Que el poder femenino había dejado de ser un eslogan para su nuevo rol en la sociedad moderna y que ahora mostraba interés por alcanzar espacios que desde la época de los bonobos, pertenecían sin discusión a los machos.

Mencioné que habría atisbos de una confabulación para quitarle piso a la posición histórica y genética de supremacía masculina, donde lo femenino asumía básicamente las misiones alimentarias, procreación y crianza. Y di el testimonio que está en la Biblia cuando Eva enfrentó a Dios (de joven ya mostraba carácter rebelde) involucrando a Adán en el cuento de la manzana mágica. Lo convenció de que al comerla adquiriría poderes para superar al Dios creador. El ingenuo y hasta ese momento casto Adán, se creyó el cuento y tras comerse la manzana y a la Eva, en ese orden, fueron expulsados del Paraíso. Y a Eva, por ser la instigadora, Dios la condenó además al sometimiento del macho de por vida. Y esta es la supremacía de origen divino lo que hoy las mujeres quieren cambiar.

El tema cada vez es más potente.  Las reclamaciones femeninas provienen del mundo del cine, el espectáculo, la religión, la política, los negocios y los gobiernos. Reclaman conductas abusivas e indebidas de los hombres amparados en sus posiciones de poder. Y todo esto, que ocurriría desde siempre pero que por décadas se comentaba a bajo volumen, hoy se virilizó y las mujeres “se pusieron los pantalones” y dijeron en un coro multinacional… ¡Basta ya! No somos objetos sexuales. Debemos ganar lo mismo que los hombres. Podemos pretender cualquier posición en la vida y la sociedad. Podemos caminar y comer chicles a la vez.  Exigimos igualdad de derechos y tomar decisiones tanto en la intimidad de la alcoba, como desde la presidencia de una multinacional
.
Antes, ellas peleaban por pequeñas posiciones. Hoy van tras el premio mayor. Lo quieren todo y ser tratadas iguales. Sin embargo, hay quienes opinan que las buenas intenciones iniciales de “emparejar la cancha”, se les escaparon de las manos. Una simbiosis del  Yin y el Yang habría sido  razonable. Pero parece que no les bastaría su hemisferio izquierdo para lograr el equilibrio pues su lado Yin en solitario las arrastraría a la confusión, emocionalidad, inestabilidad y otros déficits. Para eso necesitarían el poder del Yang, para equilibrar su mundo. Requerirían del hemisferio zurdo, los valores activos, racionales y la voluntad. Y ese es el peligro. No solo quieren copiar el modelo macho, sino reemplazarlo.
¡Houston, Houston! El Macho Alfa está en peligro. Es lo que creen algunos. Yo pienso que eso no ocurrirá, porque ser mujer tiene muchas ventajas: No afeitarse todos los días. Vivir más años. Besar a otras mujeres sin que sea mal visto. Nunca tener que preguntarle a la pareja si tuvo o no orgasmo. Cargar cosas pesadas. Tratarse la impotencia. Roncar fuerte. No importarle que el marido gane más. Seguir acumulando peluches. O que el tamaño del sexo sea problema.

Ser mujer es lo mejor que les puede pasar. Viven más, pueden retocarse, hacer varias cosas simultáneamente, ser multi orgásmicas, hacerse “las niñitas”, culpar de todo a su período, incluso sobrevivir a los naufragios (Las mujeres y los niños primero), llorar cuando quieran y mucho, mucho más.  Pero ser varón no es fácil. Porque no lloran. Pueden tener un solo par de zapatos,  ducharse en cinco minutos y usar un jean por años. Quizás ellas ya no quieran su identidad y solo deseen ser tratadas como hombres, que les paguen sueldos del nivel de los hombres, salir con amigos los viernes, ver fútbol, jugar fútbol o jugar juegos de fútbol. Creo que erróneamente quieren ser machos, sin plena conciencia de lo bueno que es ser hembras. Digo yo.

Cursillo express 

Hace años escribí sobre ciertos hábitos sociales que no me gustaban para nada. Había cosas que para alguien como yo, tolerante y liberal - pero enchapado a la antigua- me costaba aceptar. Posiblemente porque no las entendía o porque su lógica me sobrepasaba. Me parecían prácticas antisociales deplorables y que aún no las asimilo a cabalidad. De las más antiguas solo recordaré: comer en el cine, poner música a todo volumen (en vehículos o playa) y mascar chicles hasta en misa. De las nuevas, abomino los tatuajes, los piercing, la audifonomanía, el lenguaje y la escritura en las redes sociales,  las tribus urbanas, la comida chatarra y las paredes rayadas. Entre varias otras.  Pero lo grave es que ahora sumé una nueva aversión.

La llamo “la maldición del Power Point”. Cada vez que veo que se hacen los preparativos para una presentación con Power Point, siento ganas de escaparme. Desde que se empezó a utilizar este instrumento, la calidad de los seminarios, exposiciones, charlas y similares se fue a pique. Murieron los buenos expositores, los oradores calificados, los participantes entretenidos  y los que sabían y lo demostraban con sus propios méritos. 

Pero, hagamos justicia, el culpable no es el software sino el expositor.  Con una presentación  en Power Point, un pendrive, más un data, un notebook, un control inalámbrico , un telón o una pared no muy oscura, cualquiera puede hacer una disertación de lo que le pidan. En  Google hay cientos de formatos y temas de todo lo que pueda imaginar. El usuario puede adaptarlos a su pinta para toda situación y auditorio. Pero el resultado, ese es otro cuento. Para ser honesto, la mayoría son “reguleques” tirando para malitos. En mérito a ello  haré mi primera buena obra del año. Entregaré aquí - sin más costo que el precio del diario( un poco más caro por ser domingo) un cursillo full express para expositores inexpertos:



a) Siga la regla del 5 x 5. No más de cinco líneas, ni más de cinco palabras por línea en cada slide.

b)
En lo posible no use distractores: movimientos, entradas, sonidos o  fotos.

c) Si usa fotos o dibujos, “que hablen por si solos”.

d) Verifique el contraste del color entre texto y fondo.

e) Pruebe el diseño in situ. Siempre en el PC se verá mejor que en la  presentación real.

f)  Use letra mayor a  tamaño 36. Jamás cursiva, ni combinación de familias de letras diferentes. Nunca toda la escritura en letra imprenta y siempre en un solo color.

g). El texto es solo un ayuda memoria, el “torpedo”. No es la explicación misma. Leer es pecado mortal.

h)
La tarea del expositor es esa: exponer. Ahí está su éxito. Lo único importante es lo que diga. No lo que lea. Es su hora de la verdad (que ojalá sea menos de una hora).

Finalmente algunos bonus tracks: Nunca le dé la espalda al auditorio. Ni siquiera de perfil. Su presentación no debe superar la tolerancia del trasero de la audiencia en sus sillas. No sea autorreferente, su historia y conocidos  no interesan.  Vaya directo al grano.  Demuestre que sabe, hable bien y no use lenguaje coloquial. Agregue una pizca de humor. Esto es lo que los expertos sugieren más lo que yo le agregué de mi cosecha. Digo yo.

lunes, abril 22, 2019

¿Curriculum o ridículum?



Por razones profesionales, estas dos últimas semanas he leído, revisado y analizado más de doscientos currículos del tipo vitae, esto es, que relatan los hechos de la vida laboral preferentemente de un sujeto (o sujeta).  Después de esto, pienso que estoy calificado para auto declararme temporalmente experto en currículos. Un especialista para ver debajo del agua en estos pequeños extractos de vida, sacando de estos testimonios - poco verificables - lo que es verdadero, exagerado o simplemente inventado.   Me podría declarar experto en esto de leer entrelíneas y extraer de estos resúmenes vitales lo que es verdadero, lo que es exagerado y lo que es una mera manifestación del deseo de haber hecho lo que nunca se hizo.

Los  CV son parte de la vida qué duda cabe. Lo interesante es descubrir si esa parte que contamos en estos resúmenes de nuestras existencias le pueden resultar interesante o sorprendente a un futuro empleador, de tal forma que no dude un minuto en contratarnos de por vida con el mejor sueldo del vilipendiado mercado.
La gente ha ido aprendiendo cómo hacer mejor sus curricula (en latín plural de curriculum, aún cuando suele usarse curriculums).  Lamentablemente se ha preocupado más de lo formal en circunstancias que lo importante es otra cosa.  Desde hace ya unos 15 años,  al futuro empleador no desea saber exclusivamente qué sabe hacer o qué ha hecho el postulante, sino cómo lo ha hecho y principalmente cómo se ha manejado a sí mismo y con los demás.  Y el asunto tiene lógica, porque lo que generará productividad en la empresa será no solamente lo que el candidato sabe (porque si no lo sabe se le puede enseñar) sino  que principalmente por sus capacidades para manejar el “ser y el sentir”.

Es sabido que hasta el mejor proyecto empresarial puede fracasar no por razones financieras, de mercado u otras, sino por causa de las personas que lo realizan. Y esas razones no son del know how, sino de comportamiento. Los elementos intangibles son los que generan más productividad, agregan valor al trabajo y brindan satisfacción. O sea, que además de hacerlo bien y lograr los resultados esperados, las personas lo disfrutan.  Es decir, se alcanza el deseable ganar-ganar. Gana la empresa, gana el trabajador, gana la sociedad.

En el nuevo CV quien busca empleo debe consignar además de lo hecho (no solo el nombre de la empresa, depto. o sección) su real aporte al área donde trabajó, realizaciones destacadas, etc. sino que entregar antecedentes que lo perfilen como un ser humano completo. Debe mencionar aficiones, lecturas, hobbies, prácticas de deportes, integración a entidades, es decir, mostrarse como un ser dentro de la sociedad familiar, laboral y comunitaria. 

Un tipo que muestre que  solo se ha dedicado a trabajar, aún cuando lo haya hecho muy bien, no es un gran aporte. Personalmente no lo recomiendo en primer lugar.  Prefiero al que sin saber tanto (lo puedo mejorar y enseñarle conocimientos y entregarle competencias) pero que tiene motivaciones, creatividad, audacia, simpatía, respeto por los demás, buenas relaciones interpersonales, potencial de desarrollo y con orientación al éxito.  Una persona que exprese felicidad y la irradie. 
Esos curriculums de muchas páginas con una relación cronológica interminable solo de cosas hechas me parecen  ridiculums. 

domingo, abril 21, 2019

Apps… para los tiempos de hoy




Estoy convencido que nuestros futuros días serán cada vez más raros, complicados y en “modo” cambios constantes.  Y esto, sin duda,  transformará más y aceleradamente nuestras formas de vivir en la sociedad presente metiéndonos sin mucha capacidad de cambiar u opinar, en un estado y circunstancias  que creo que ya llegaron.  Por eso, pienso que  todos tenemos la obligación-necesidad  de aprender a conocer,  usar y familiarizarnos con todo lo nuevo que se instale o aparezca ya que el cambio es una constante. Esto, con una mirada darwiniana, no es más que  la señal de que nos adaptamos o acabamos como especie. A lo menos,  como hasta hoy la conocemos. 

Para que no nos ocurra esto y terminemos como el escritor Yuval Noah anticipa en su best seller Homo Deus - una breve historia del mañana-  debiéramos a lo menos tomar conciencia del ahora para poder resolver ciertos temas del mañana. Dicho lo anterior,  sería una realidad que - especialmente para  los modelitos humanos construidos en los viejos tiempos de la  segunda Guerra Mundial-  replantearnos nuestra actual forma para vivir en concordancia y armonía con el entorno. Yo opté frente a dos alternativas: aprender o aprender, siguiendo la sabia filosofía de don Pato Aylwin,  “en la medida de lo posible”.


No es una excusa,  pero el creciente club de la tercera edad tiene más socios activos y potenciales que ya se los quisiera un partido político. Lo probable también es que esta tendencia siga un derrotero similar y más complejo con el pasar de los años…rectifico,  las horas. Mientras aumenta la vejez,  lo nuevo es una constante e ineludible. Y así, en este mundo globalizado en un par de minutos puede estar instalada “sin ser consultados, una Aplicación. Conocida como Apps, no son sino programas que tienen todo lo necesario para “hacer algo” que necesitamos hacer. O sea,  todo lo que se nos pueda ocurrir o necesitar. Hoy hay Apps para todo lo imaginable y mucho más. Estos mecanismos, verdaderos manuales operativos de cómo hacer “cualquier cosa” se han desarrollado básicamente como soluciones computacionales y  equipamiento ad hoc. Sin embargo, hay una derivada peligrosa que más temprano que tarde empezará a pautearnos hasta cómo hacer las cosas humanas. Ergo, empezaría a desaparecer el razonamiento individual y emergería en  nuestras decisiones, “algo”, que hasta la fecha se lo teníamos encargado al cerebro. 

Hoy, en el mundo de las realidades cuando alguien debe actuar o hacer algo que no sabe,  puede acceder a una App, la que le señala los pasos a seguir. Doy un ejemplo de la vida misma. Imagínense a un joven adolescente intentando tener sexo por primera vez con una par igualmente inexperta. En décimas de segundos digita la App de rigor. El programa le dirá -incluidos diagramas y datos técnicos-  todo lo relativo al acto copulativo humano. Y si desea puede acceder a Apps derivadas para lo que viene después, algo así como la App “las mejores acciones post acto copulativo entre humanos. Luego si desea, activar la App: Conversaciones para el regreso a casa. Asimismo la App: Diálogo con los padres de la polola, etc. etc. No está demás estar enterado que también hay App sobre “cuentos del tío, chamullos creíbles, mentiras piadosas, tips para enamorar, simpatizar con la suegra o conseguir que el suegro les pase el auto. En el ámbito educacional, colegio o Universidad, las Apps son trascendentales y decisivos. En el pasado, solo estaban los artesanales torpedos.

El asunto tiene potencial. Un manual para una vida, que en régimen, ya se lo hubieran querido los antiguos. Gracias a la tecnología,  las Apps nos  dan una manito de gato para resolver no solo lo tecnológico y laboral, sino asuntos de la vida.  Ahora a  solo un click ya tenemos el Manual de los Cortapalos en versión electrónica. Dios nos pille confesados. Digo yo.

sábado, abril 20, 2019


A Rusia sin amor 


En la película De Rusia con Amor, James Bond, además de sortear múltiples peligros, acabó con poderosos adversarios, la pasó divinamente con cuanta rucia se le puso en la mira y en pocos días, metió varios e inolvidables goles en aquellos fríos parajes. Una experiencia intensa que quedó grabada por siempre en la mente y en el celuloide. 

Nada parecido a lo de Chile, que se congeló antes de pisar la fría Rusia. Ni siquiera pudimos mirar de cerca a los enemigos deportivos del Campeonato Mundial aun cuando hasta cierta fecha ya nos veíamos en el vuelo Santiago - Moscú. ¿Cómo íbamos a dudar si los rivales eran ganables? Era cosa de aplicarse un poquito, juntar un par de puntitos y partir a Rusia con amor.   


Hay dos refranes pertinentes que cito aquí unidos: “No hay que llorar sobre la leche derramada, ni limpiarse el trasero antes defecar”. Sirven para entender la experiencia vivida, en la cual literalmente nos farreamos el mundial. Una oportunidad que probablemente nunca volvamos a tener tan cerca. Virtualmente nos bajaron del avión cuando ya habíamos embarcado hasta las maletas.  Las causas y las explicaciones nunca fueron suficientes para entender el cagazo.  Cualquier chileno del futuro se va preguntar: ¿Por qué cresta Chile no fue al Mundial de Rusia 2018? 


Para responder esto habría que hacer ciertas conjeturas. Desde lo deportivo obviamente, hasta la variable que se nos ocurra. Pudo ser solo la mala suerte; alguna súbita desalineación de los astros;  maleficios de brujos de latitudes hostiles, falla en el mindfulness y desconcentración  de los concentrados. Todo es posible, incluida una vendetta mundial porque nos tendrían ojeriza, mala onda y envidia por las dos copas internacionales ganadas al hilo. O porque podíamos ser duros rivales de los consagrados de siempre.  Por esto y más, confiábamos ciegamente en la clasificación. Y ese fue el error, estar medio ciegos. Y muchos salieron a festejar antes de tiempo y obviamente los chiquillos de la selección, que  contaron con la anuencia del entrenador que ya estaba en otra, seguro pensando cuando ganaría post mundial, con un contrato en algún país oriental. Y así, sobrados y despectivos con los rivales, caímos en el viejo error de limpiarnos el trasero antes de tiempo. 

¿Con la clasificación en el bolsillo, quien nos iba a poner límites? Se aseguraba que superaríamos la hazaña del Mundial del 62. Pero, de un día para otro, todo se fue a negro.  Y la pregunta es ahora saber quién o a quién culpar por no estar en el Mundial. Era la oportunidad del siglo, teníamos algunas sandías caladas, varias joyitas, con lo mejor en muchos años. Un equipo de primera. Motivados, convencidos, valientes, temidos por los adversarios y con dos copas internacionales recientes. Pero no funcionó, sea porque la diosa fortuna no lo quiso, por algún maleficio, algo raro que le echaron a los tragos o que se yo, pero lo cierto es que fuimos groseramente excluidos del mundial con muchísima pena y sin nada de gloria. 
Ante lo ocurrido, surgen preguntas. Saber la reason why  para salir del hoyo negro. Descubrir las razones que expliquen la causa profunda de la eliminación de Chile al mundial de Rusia. Ante esta inquietud, propongo dilucidarlo mediante un juego de mucha sabiduría. El Cachipún, también conocido como Piedra, Tijera o Papel. 



La pregunta sería: ¿Por qué Chile no clasificó al mundial de Rusia?  Si el participante elige PIEDRA significa que cree que se debió “a la mano blanda de Macanudo que ya tenía su mente puesta en las cláusulas del contrato con Arabia Saudita”.  Si elige TIJERA significa que cree que fue “por la pésima influencia de los jugadores líderes y profesionales del carrete” que son varios. Y si opta por PAPEL, significa que fue “por las malas vibras de los hinchas pesimistas, fatalistas y de mal agüero que no le tienen fe a la Selección”.
Sugiero practicar este juego en familia y con amigos, porque es clarificador. Podemos aprender de la experiencia vivida y evitar llegar a ser un país de eyaculadores precoces en estos procesos de selección para competencias de fútbol de clase mundial.  Acabaríamos siempre yéndonos antes de la final.  Digo yo.