viernes, enero 10, 2014

Que tonta la lista


El pegamento escolar “silicona líquida” - hace pocos meses prohibida su venta  por ser mortal para la salud - fue retirado de la lista de útiles escolares.
Este evento, por extensión, me hizo pensar hasta cuándo seguirán existiendo las famosas y caras listas escolares (ahora se empiezan a promocionar en diciembre para evitar las aglomeraciones de marzo y para aprovechar precios con descuentos). Me suena a cuento chino.
Revisando las cantidades y lo que piden, estas “listas”, me parece que son muy “estúpidas” (perdonando el oxímoron),  son caras, excesivas y con muchos ítems  innecesarios. Y lo peor, creo, con muy poco control sobre su real uso. Se exige  por cada estudiante de la enseñanza parvularia, básica y media en todo colegio de Chile. Y esta exigencia que se nos hace creer que incidirá en que nuestros educandos puedan desempeñarse  adecuada y eficazmente en el aula y llegar a ser la generación de recambio con ciudadanos instruidos y competentes para vivir en una sociedad moderna, competitiva y pujante como la nuestra, con membrecía en la OCDE.  
Es decir hay una conexión directa entre "lista completa y exito académico". La lista de útiles estaría directamente relacionada con el éxito escolar,  la bullada calidad educacional, la excelencia académica  y el desarrollo nacional.  Así las cosas, nadie es tan insensato como para oponerse al altruista propósito de pedir las listas escolares. ¿Para qué arriesgarse a volver a ser un país tercermundista?  
Cumplir con el sagrado deber de presentar la lista escolar completa, oportunamente, sin errores, cambios u omisiones de ningún tipo (cantidad, calidad, marca o proveedor) puede ser un factor clave y a la vez un dato duro que permite a los padres y apoderados tener una buena aproximación de cómo le va a ir a su pupilo, en el año escolar. La no presentación oportuna y completa, puede ser una muy mala señal. El alumno aprenderá de chiquitito lo que es el bulling, y que en este caso se iniciará en el propio colegio, pasando por el profesor jefe, el encargado del área técnica, el  CEO y hasta el mismísimo sostenedor. Un estudiante que no ha cumplido con el deber de presentarse con su lista de útiles completa y oportuna, es lo peor de lo peor. Un paria, un renegado, un inconsciente. Casi un saboteador.  Y para colmo, la lista no tiene deducibles, interpretaciones, cambios, ni letra chica. Es clara, larga y cara.   
Como los ricos se cuidan solos y con los pobres apechuga papá Fisco, el  dramón está en el colchón del medio, los miles de hogares de clase media y con varios matriculados.  Aquí es donde la lista duele.
Y por otro lado, excusándome por ser tan metiche, me pregunto si alguien controlará  la cantidad increíble de material que se debe juntar en un colegio de esos de miles de  alumnos. Solo imagínese un establecimiento con 1. 500 alumnos. Serían 1.500 rollos de papel higiénico, 1.500 resmas de papel oficio, témperas, plumones, etc. etc. multiplicado por 1.500.  Es definitivo, me cargan estas listas tontas. Seguro que alguien se está pasando de listo. Digo yo.

 

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