viernes, enero 10, 2014

Un saludo a mis ex


Soy de la época en que existía un cargo clásico y estratégico en los servicios públicos y en las empresas: la secretaria.
 
En la esfera del Estado, la labor de la secretaria estaba asociada a la férrea relación de confianza jefe-secretaria, ya que no se movía un solo papel si esta diligente funcionaria no comenzaba gestionando ante su jefe u otro empleado, un expediente o trámite. Esto dejaba en sus hombros muchas y grandes responsabilidades operativas.  

En el sector privado era más o menos  igual el poder fáctico de estas chiquillas. Tal vez  con una sutil diferencia en la cual rivalizaban los gerentes del sector. Era quién podía tener la secretaria que respondiera mejor el patrón clásico de la época: jóvenes, rubias y curvilíneas. Dicen que era porque querían “quebrarse” frente a otros gerentes de la competencia. Buscaban secretarias como la Yayita,  la novia de Condorito.  

Pero independientemente de aquello, lo importante era el rol y el poder que estas trabajadoras tenían, lo que todo el mundo reconocía. Por ello, los peticionarios usaban todos los medios lícitos posibles para conectarse bien con la persona que manejaba la barrera de entrada al sistema. Sonrisas, saludos, chocolates, lenguaje cordial, nada de sobrepasarse, etc. Los patudos, agresivos, violentos y “frescos”, caían en desgracia. Era fundamental enganchar bien de entrada. Si se lograba, miel sobre hojuelas. Si no, “sonatum est”.  El expediente podía pasar al último lugar del montón.

Sin perjuicio del sector de desempeño – fuere Estatuto Administrativo o Código del Trabajo- estas profesionales hacían una estupenda pega. Yo las recuerdo con mucho cariño, pero siempre se me olvida saludarlas para el Día de la Secretaria el 3 de diciembre. Y esta vez no fallé, no recordé llamar a “mis ex” y saludarlas como se lo merecen.        

Pensando en esto de las secretarias y con el cargo de conciencia por el olvido me pregunté ¿y cómo serán las secretarias de hoy? Ahí caí en cuenta que ya no existen. La  profesión de secretaria propiamente tal parece que murió definitivamente. Ya no existen los cargos de secretarias en su sentido clásico, natural y puro. Las secretarias de antaño, murieron de muerte natural cuando empezó la preocupación extrema por la rentabilidad, la productividad, las nuevas tecnologías y las exigencias del mercado.     

De esta forma las empresas y servicios se deshicieron de las “antiguas secretarias” y las cambiaron por “modernas asistentes”. Un cargo este último, poli funcional, multifacético, adaptivo y  moldeable.  Un descriptor para un cargo así seguramente debe ser muy difícil mantenerlo vivo ya que dura la nada misma. 

Confieso ser un romántico nostálgico de la época de las secretarias. Tuve varias y aprendí mucho de cada una de ellas. Debuté laboralmente con una alemana,  la señora Hildegard (me enseñó puntualidad, precisión y formalidad) y luego una seguidilla de chiquillas como Daisy Pong, Leonor Bagioli,  Patricia Contreras, Angélica Quiroz, Maira Chang, Fátima Rojas, Karen Quintana, María Araya y algunas más que seguro he omitido involuntariamente por problemas de memoria.  
 
Aunque sea súper atrasado y antes que me pille el Año Nuevo, a  todas mis “antiguas” secretarias (lo antiguo por la época en que trabajamos juntos) las  saludo con mucho cariño y aprecio. Para mi trabajo, mi desarrollo humano y mi vida, todas fueron muy importantes. Muchas gracias.     

 

 

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