jueves, septiembre 01, 2005

Enchúlenme el hoyo (evento)


Dicen que la decisión de hacer el recuento de hoyos en Santiago comenzó cuando a la salida de la Intendencia, la dueña de casa, metió su patita en un “evento” y se fue de …bruces. Esto la motivó a acelerar la pedida de platas a Hacienda para asumir la reciente misión entregada a los gobiernos regionales de arreglar directamente todos los hoyos de las ciudades y dejar de jugar al compra huevos entre el Servui, las municipalidades y los gobiernos regionales que se pasaban la pelota entre ellos y finalmente nadie arreglaba nada.
Para el objetivo de “enchular” (arreglar) los hoyos, lo primero fue saber cuántos habían, y se mandó rápidamente a contarlos a través de los municipios de la región metropolitana. Lamentablemente no se dieron las instrucciones completas, no se definió el procedimiento, ni menos la metodología. Cada alcalde contó los hoyos de su jurisdicción a su propia pinta usando criterio propio, lo que llevó (a causa del mal criterio usado) a graves errores. Los hoyos no reflejaban la realidad. Porque no era solo contarlos sino que había que medirlos y determinar sus características. Para eso las corporaciones pobres usaron el ojímetro, simple cálculo visual (cuarta, jeme, pasos, etc.) para determinar número y dimensiones. Otros, emplearon el metro plegable de carpintero, huinchas profesionales y las comunas ricachonas, hasta sistema GPS.
El catastro estableció que había 8.272 hoyos, una cifra discutible ya que entre otras cosas algunos contaron los hoyos de las calles y no las veredas, otros consideraron las grietas como hoyos continuos, en fin, faltó rigurosidad técnica. Para resolver esto, se nominó una comisión especial de alcaldes, especie de ITHO (Inspectores Técnicos de Hoyos), para certificar la validez y calidad del conteo. Haciendo el cuento corto, se concluyó que la cifra preliminar es 8 veces mayor. Hay aproximadamente 66 mil hoyos. Esto se comunicó al ministro Eyzaguirre quien de inmediato expresó su preocupación pues las platas serían como 267 milllones de dólares, lo que produciría un gran hoyo en el presupuesto de la Nación.
Pero no quiero seguir analizando este tema en esta perspectiva, sino que me quiero referir todo lo que este affaire de los hoyos ha significado. Lo primero que me sorprende es que los hoyos se pusieron de moda, aún cuando ya se trataba esto por ejemplo respecto de los verdaderos “hoyos negros” que investigaba la ministra Chevesich en el caso MOP - Gate y otros, como también los hoyos a “rajo abierto” que parece que había en Codelco. O el hoyito por el cual entraba y salía la plata del Banco Riggs.
En el caso del catastro de la región metropolitana se trataba de simples y vulgares hoyos. Por esa causa y para evitar que los hoyos recibieran un trato indigno y se menospreciara su valía e importancia nacional, se determinó que todo hoyo, grieta, rotura, bache, orificio, o lomo de toro invertido, fuese denominado “evento”. Esto lo encuentro patético, porque un hoyo por donde se le mire es un hoyo.
Mi segunda observación apunta a que el sistema de medición, el conteo, el catastro de los hoyos fue demasiado genérico. Mezcló los hoyos sin distinción. Eso no es posible pues hay hoyos y hoyos. No discriminó ni por forma, tamaño, profundidad, calidad, belleza (porque hay hoyos hermosos como por ejemplo los cráteres de los volcanes, de la luna, etc.)
Esto amerita a lo menos un análisis. Pienso que no es lo mismo un hoyo chico que uno grande, un hoyo redondito de uno alargado. Un hoyo solo, que otro acompañado de una grieta. Desde el punto de vista del riesgo para transeúntes o vehículos, no es lo mismo un hoyo seco que un hoyo mojado. Un hoyo tapado de agua es muy peligroso, y resbaladizo.
Otro asunto que me inquieta es por qué se contaron los hoyos de Santiago solamente y no de todo Chile. Nosotros aquí en Iquique podríamos haber aportado con una cantidad muy importante a las estadísticas nacionales. Podríamos aportar por ejemplo, las calles del Barrio Industrial. Allí son tantos los “eventos” que podría hablarse de un hoyo continuo. Se que un Club de Moto Cross está pidiendo autorización para hacer allí un campeonato nacional. También se ha sabido de peticiones de un club de golf y de la Cámara de Turismo. La Glorita Delucchi, está proponiendo considerar al Barrio Industrial como parte del circuito del turismo aventura para atraer turistas europeos.
Por cierto que no me quiero transformar en un “opinóloyo”, pues mis conocimientos de hoyos es muy reducido salvo que en mi juventud conocí varios hoyos especialmente el negocio “El Hoyo” en Santiago, una picada de la chicha fabulosa, que creo estaba en Matucana, cerca de la Estación Central.
Pero siendo esto finalmente un asunto de platas para enchular los hoyos, mi propuesta y contribución a tan noble causa, es que cada ciudadano del país se preocupe de su propio hoyo. Me explico. Lo más probable es que cerca de su casa, en la calle o en la vereda, haya un hoyo. Es prácticamente imposible que no exista a lo menos uno. La idea es que usted lo adopte, se haga cargo de él. Se trasforme en su padrino. De esta manera su misión será cuidar su propio hoyo para que no produzca daño a la ciudadanía. La tarea sería taparlo, protegerlo y hacerle mantenimiento. Lo importante es que cuide su propio hoyo, pero que respete esto y no se meta en hoyos ajenos. Esto puede generar problemas muy graves. Imagínese si usted le tapa el hoyo a su vecina y de esto se entera el marido que es el único autorizado (porque la adopción del hoyo sería ante notario y además con prohibición total de cederlo, prestarlo o arrendarlo) podría terminar muy mal. La idea no es mala, hay que perfeccionarla.
Hace algunos sábados visité a un amigo para preguntarle cómo le estaba yendo con su nuevo negocio. No estaba y hablé con su esposa. Me dijo “Se fue al evento”. Ingenuamente le pregunté ¿Fue a ver a Los Nocheros? No me dijo, se fue al hoyo. El negocio resultó como el hoyo y ahora tenemos un hoyo así de grande en el banco. Esto de los hoyos sin duda, es un tema profundo, digo yo.

No hay comentarios.: