lunes, marzo 30, 2015



Chilenos y chilenas, niños y niñas


Esta crónica va dirigida con mucho cariño a los y las personas que me leen en papel u on line, agradeciéndoles a todos y todas,  chilenos y chilenas, extranjeros y extranjeras por su fidelidad como lectores y lectoras ya por tantos años.
Comienzo  contándoles a todos y todas, que una razón  y a veces la única por la cual  un cronista o articulista escribe en un medio,  es porque  siempre cree tener un buen motivo,  un pensamiento, una idea o  una inquietud y desea comunicarlo. Parodiando al  Principito y su encuentro con el  Zorro,  es para “crear lazos” y, establecer alianzas, con todos y todas.   
Y en esta oportunidad  me referiré a esa rara práctica lingüística que se ha ido instalando en nuestro lenguaje cotidiano y que  bajó desde las altas esferas del poder,  instalándose en las bases de la sociedad. Me refiero a esa costumbre de diferenciar, a mi juicio innecesaria   y forzada el género masculino del femenino cuando se hace referencia a las personas.  Ahora no basta decir “niños”, Hay que decir “niños y niñas” pues al decir solo niños, se  estaría excluyendo a las niñas.  Y esto de la inclusión o exclusión son mundos  con dos  ideas implícitas y  contrapuestas: acoger y rechazar.
Decir por ejemplo en una fiesta de cumpleaños “Niños… vengan a comer torta”  Esto es, aquí y ahora,  muy mal visto (o escuchado). Lo correcto para respetar el sagrado principio de la inclusión, o si se quiere, para evitar el pecado de la exclusión,   sería decir  “Niños y niñas, vengan a comer torta”.  Otras expresiones en el mismo contexto serian: siéntense todos y todas a la mesa, canten todos y todas el feliz cumpleaños.  Extraño, pero cumple con el principio de la inclusión.   
No sé el nombre técnico que dentro de la gramática española tenga esta forma de expresarse, ni si es válidamente aceptable, pero cuando se utiliza, me parece en rigor, innecesaria y redundante. Creo que los idiomas deben ser funcionales y prácticos. Y muchas veces en razón de ello, utilizar caminos más breves  para llegar al mismo lugar, sin alterar su esencia. Los humanos somos aunque no se crea, bastante racionales, no obstante, predominan en nuestras decisiones las emociones. De tal forma que decir “niños y niñas ”  para no excluir a las niñas deliberadamente, sino por el contrario incluirlas conscientemente, es una costumbre que empezó a utilizarse en el primer gobierno de la presidenta Bachellet y que en este segundo mandato, definitivamente es viral. El problema será cómo llamarles cuando dejen de ser niños y niñas y cómo seguir usando la fórmula de la inclusión. ¿Adolescentes y adolescentas? ¿Muchachos y muchachas?  
Cada país y su idioma han resuelto el tema para diferenciar y a la vez incluir. En los países de habla inglesa niño se dice boy y niña girl. Para construir el plural se agrega una “ese”. Y como son muy prácticos,  también inventaron el plural con la palabra children, dejando zanjado el asunto.


Pero en Chile, no lo hicimos para expresarnos mejor sino para demostrar más  “sentido de género  e inclusión”.  Si este criterio lo lleváramos a los extremos, incluyendo las especies animales, tendríamos que ser muy cautos para diferenciar bien entre  caballos y yeguas, potrancas y potrillos, vacas y  toros (eventualmente  bueyes).   A mí me molestaría que me dijeran  Pata, Pito, Poto o Puto, en vez de Pato.  Digo yo, amigos y amigas, chilenos y chilenas, lectores y lectoras.     

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