lunes, marzo 30, 2015

El que esté libre de aristas...



Diario El Longino de Iquique, 29 de abril de 2015


El que esté libre de pecados que lance la primera piedra. Esta frase la escuché en mi ingenua y tierna niñez,  pero confieso que nunca la entendí muy bien. Con el correr del tiempo la interpreté  como que solo los “limpios y píos” pueden juzgar y castigar.
Cuando el hombre se organiza socialmente, crea  muchas instituciones y entre ellas,  las que imparten justicia. Para juzgar si las cosas se hacen bien o mal y para perdonar o castigar.  Pero con los avances - caídas  y recaídas del mundo moderno incluidas- las cosas se dificultan pues en todos los ámbitos del quehacer humano surgen aristas.  Así,  la sociedad cual teatro de operaciones, es el lugar y el tiempo donde se juntan y mezclan personas, instituciones, intereses, egos, poderes, expectativas,  doctrinas, creencias, valores y tentaciones,  siendo muy difícil no caerse y cometer un desaguisado.    
A causa de estos errores y horrores humanos e institucionales, las sociedades se enferman y como toda enfermedad con causas y efectos. Y  las principales son las que genera el hombre, factor crítico de la ecuación, un macho alfa bastante  ególatra y autoritario. ¿Hay cura para esto? Habría que ir a su génesis interior. El hombre es dual, tiene la capacidad,  para hacer cosas buenas  y  malas.  Es capaz de  descubrir una cura para enfermedades que salve a millones de personas y también para construir armas de destrucción planetaria. Y este es  el quid  del asunto. El homo sapiens puede desdoblarse, ser bueno y malo según las circunstancias y sin cargos de conciencia.
En los orígenes, a este raro omnívoro de la  zoología planetaria, se le grabó en su cerebro reptil (fase primitiva) algo que luego transfirió al cerebro mamífero (fase intermedia) y finalmente al evolucionado cerebro actual, mandatos que pueden reaparecer “sin querer queriendo”. Son  aristas y una de ellas, es “el sentido del mal”.  Una manifestación que todos los humanos tenemos. No es por lo  tanto un atributo exclusivo de delincuentes, asesinos o terroristas, sino también de sujetos que hacen maldades ingenuas como por ejemplo, emitir boletas ideológicamente falsas. 



La duda es si el omnívoro actual puede diferenciar racionalmente lo bueno de lo malo y saber de qué lado de la vereda está en todo momento. Cuando como simples observadores miramos desde nuestra trinchera a los “malos”, los juzgamos, criticamos y denostamos. Pero cuando estamos entre los “imputados”, creemos, queremos creer y que se nos crea de buena fe, que somos blancas palomas.   
¿Es malo el hombre por naturaleza? ¿Será el sino bíblico del pecado original? Tal vez  venimos así desde el Big Bang  o del Este del Paraíso?  Podría ser una falla de fábrica.  
El periodista John Muller dijo en Icare “La corrupción no solo está en las cúpulas de los gobiernos, las grandes empresas, las instituciones políticas, sino que reside  también en la base de la sociedad, la familia”. Citó dos  datos oficiales: un 27%  de los pasajeros elude el pago en el Transantiago; un 30% de las licencias médicas presentadas el año pasado eran falsas. También se calcula que un  50% de los comerciantes pequeños de ferias libres, locales de barrio, etc. no daría la boleta. Así, le roba al Fisco- en complicidad con el comprador – millones de pesos diarios. Y ambos, sin sentir que hacen algo malo. 


¿Aseguraría Ud. que nunca en su vida ha comprado o visto una película pirata o que compró algo en la calle eligiéndolo con la punta del zapato?  ¿Sabe el Estado y su brazo armado el gobierno de turno, que infringe las leyes teniendo a miles de funcionarios contratados a honorarios, sin derecho a previsión, salud y otros beneficios básicos? Cuando Peñailillo dijo que Chile no era corrupto, me sonó a una afirmación ideológicamente falsa.  Digo yo.      

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