miércoles, noviembre 05, 2014

Humor en escala Richter

 (Publicado en la revista Kilómetrocero, edición junio 2014)
 
¿Qué haríamos sin humor? Se dice que con el humor los seres humanos miran lo trágico de una forma que permite soportar el drama. Contar chistes  forma parte del día a día del homo sapiens desde los tiempos más añejos. En los velorios de antaño y en las zonas campesinas de Chile -  cuando estas ceremonias duraban un par de días-  era habitual que entre el vino, las sopas  y algo que picar, los deudos y los afectados directos e indirectos por la muerte de un ser querido, se permitieran contar chistes y reírse sin mucho decoro. Había licencia para disfrutar el evento y para ganarse ese tiempo sin censura. Se contrataban mujeres buenas para llorar – se les llamaba las lloronas- que hacían la coreografía dramática para que el finado se fuera bien llorado y sentido al patio de los callados. Todo esto, mientras los demás contaban chistes e historias y también se morían…pero de la risa.    
El profesor John Morreal, de la Universidad de Virginia ha escrito varios libros sobre el  humor  y dice que se originó entre los primeros humanos como una forma de expresar alivio ante el peligro. Desde ese momento el humor ha jugado un papel fundamental en la sociedad, para expresar alivio ante los pesares, burlarse de las instituciones y costumbres sociales  y desde luego, vengarse de los políticos y el poder.
Se asegura que en tiempos de crisis o de catástrofes,  aumenta la cantidad de bromas que hace la gente especialmente sobre el evento ocurrido. Esto explica lo expresado por Freud cuando dijo que el humor bloquea emociones negativas como el miedo. En cambio si se ríe de la situación toma distancia, por eso la gente bromea sobre cosas que en otras circunstancias producirían miedo, llanto o irritación.  
Desde el mundo de la medicina también se asegura que el humor tiene efectos muy positivos en la salud porque contribuye a bajar la presión arterial, la tensión muscular y fortalece el sistema inmunológico. 
Parte de esto lo viví en las horas siguientes a los momentos  álgidos de los terremotos del  A1. Mi casa fue el lugar de reunión y albergue de todos mis parientes residentes iquiqueños los que,  junto a un grupo no menor de amigos (algunos solo de paso por asuntos laborales)  totalizaron la no despreciable cifra de 17 personas sumados  los dueños del refugio, o sea yo y mi señora y los residentes Joe Black, Ammie y Docky, a los que se le sumó el serio Tito el Pug de mi sobrino. Raya para la suma: 14 humanos y 4 perros. Era para la risa.
El escenario hay que imaginárselo. Sin luz, sin agua, con temblores continuos, más las sirenas y todo el aparataje comunicacional de la Onemi desplegado,  incluido el perifoneo ad hoc llamando a la calma, con helicópteros sobrevolando a todo dar. Un escenario tragicómico. Más trágico que cómico, pero esa noche y las siguientes,  a pesar de todo,  nos reímos harto. Al tercer día ya no quedaba ni confort.  Sería risa nerviosa o algo así, pero sirvió. Ahora junto a los elementos para enfrentar las emergencias, tengo una revista de chistes. Si no hay otra opción  que morirse, prefiero hacerlo defecado de la risa. A pesar de lo grave de la situación, el humor surgió esa noche en cada instante como bálsamo reconfortante. Eso ayudó mucho y escuché algunos chistes nuevos muy pertinentes.
Volviendo con Freud, este  considera que el humor también constituye una liberación de tensión sexual acumulada. Sea como fuere,  lo cierto es que las bromas sobre sexo trascienden las fronteras, aunque toman diferentes formas dependiendo del contexto. Cito el caso del tipo que el terremoto del A1 lo pilló en pleno acto de apareamiento sexual. Dice haber aprovechado el movimiento de la onda sísmica lo que le permitió alcanzar un orgasmo grado 8,2.  Ahora su cónyuge tan pronto comienza un leve temblor, lo arrastra de inmediato al lecho.  
Contracciones, tiritones de pera, espasmos orgásmicos, tumefacciones, palpitaciones, arritmias, hormigueos, tartamudeos, hipos, temblores de manos, tics, taquicardias en fin, son parte de nuestra propia y natural sismicidad. Hay que estar conscientes que también siempre estamos expuestos a que se nos mueva  el piso. A eso se agrega que todo cambio es movimiento y que siempre está presente en nuestras vidas. No en vano viajamos a 30 km/seg  alrededor  del  sol y a 1.700 Km/hora sobre nuestro eje. Y nosotros muertos de la risa  y ni despeinados. Por todo esto, debiéramos estar muy acostumbrados a que se nos mueva el piso, pues sabemos que ocurre así hace  millones de años y seguirá ocurriendo.
En conclusión, y esta es la buena noticia, el humor y la risa tienen efectos muy positivos para la salud. El humor cumple, sin duda, muchas funciones, pero todas pueden resumirse en que reímos para no llorar. Digo yo.

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