miércoles, noviembre 05, 2014

S.O.S ...llamen a Keynes

Se siente… se siente… la economía de Chile no está caliente. Los principales indicadores macroeconómicos como inversión, ahorro, empleo, inflación y consumo, se encuentran deprimidos y eso se siente.  
Esto a puesto nerviosos a los nuevos gobernantes. Ya agotaron la fase de las explicaciones, como la clásica fórmula de echarle la culpa al gobierno anterior o que ya habían advertido durante la campaña,  que se veía venir un proceso depresivo.  Decían saber que la economía chilena desde el 2014 hacia adelante, se pegaría un “frenazo” importante, situación que costaría mucho recuperar  pues también había causas externas inmanejables.   
Agotada  esta primera fase, que ya ha terminado siendo una suerte de tradición republicana en cada cambio de gobierno, ahora se ha comenzado a elaborar la estrategia para resolver lo más urgente: generar empleo, hacer inversiones y fomentar el consumo.
Una comisión amplia de expertos trabaja duro para encontrar una fórmula salvadora. Se comenta que ya estaban en estado crítico porque no sabían cómo resolver el puzze pues los resultados económicos seguían sin dar tregua cuando afortunadamente  uno de ellos tuvo una idea genial. Fue un  S.O.S. salvador ¡ Hay que invocar a Keynes!
Se refería por cierto a John Maynard Keynes (1883-1946)  un economista inglés que desarrolló una interesante teoría en su libro “Teoría general del empleo, el interés y el dinero”.  La máxima validación que logró su teoría fue cuando ésta inspiró al presidente Franklin Délano Roosevelt en el programa de recuperación económica  de los  Estados Unidos tras la Gran Depresión del año 30, el famoso New Deal  (Nuevo Trato). Keynes desafió el paradigma económico dominante al señalar que el ingreso total del país está definido por la suma del consumo y la inversión y en una situación de desempleo y capacidad productiva deprimida, solamente pueden aumentarse el empleo y el ingreso total incrementando primero los gastos, sea esto en consumo o en inversión. Para eso, abogaba por políticas económicas muy dinámicas por parte del Estado, por ejemplo,  a través de fuertes gastos en obras públicas.
Eureka…Eureka…dicen que dijeron varios en el gobierno. Olvidarse un poco del sector privado y del principio de la subsidiariedad  y hacer crecer a Chile con obras públicas. Al más puro estilo keynesiano, lo que sea necesario para poner de pié a Chile (como la Teletón) para que no falte el empleo y no baje el consumo. Hay que desarrollar la Aplicación Papa Fisco Pay.
Realmente esto sorprende, no porque se haya adoptado la fórmula de Keynes,  sino porque no cuadra mucho con lo que dijo el gobierno al asumir, en el sentido que sabía perfectamente bien que el país había entrando en un proceso recesivo desde fines del año 2013.  Pero a pesar de eso, igual insistieron en  proyectos confrontacionales y difíciles como una amplísima reforma educacional, una confusa reforma tributaria y una reforma constitucional de dudosa utilidad práctica. Era la oportunidad de armonizar y no confrontar. Crear seguridades y no incertidumbres. Crear consensos y no pasar aplanadoras.  Coordinarse - como recién lo está haciendo-  con el sector privado, que son los que verdaderamente arriesgan su capital, dan el empleo y hacen las inversiones. Un sector que aporta  muchísimo más al PIB que todo el Estado. 
En un clima de incertidumbre económica,  era el peor momento para cambios estructurales profundos. Lo razonable era  esperar o bajar la intensidad y el alcance de las reformas. Por ejemplo en Educación, pudieron haber concentrado toda la energía solo en mejorar la calidad de la Educación Pública y nada más. En Economía hay que disparar con rifle no con escopeta. Digo yo.

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